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Un encuentro verdadero

“Le tenemos miedo a la intimidad. Nos asusta la vulnerabilidad, cuando es precisamente ahí donde suelen nacer los vínculos más significativos”.

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sylvana amistad
Las conversaciones íntimas y profundas conllevan cierto riesgo, implican mostrar lados nuestros que no suelen estar expuestos.
Fecha actualización:
08/07/2026 - 07:30
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Por lo general, me cuesta tener conversaciones superficiales con personas que no conozco bien. No es que sea antisocial; el small talk me resulta, sencillamente, agotador. “¿A qué te dedicas?” “¿Tienes hijos?” “¿Vienes muy seguido por aquí?” son preguntas que me drena la energía responder. Lo problemático es que estas conversaciones casuales son un requisito para poder llegar a conocer a alguien. Después de todo, no vamos a compartir intimidades con un desconocido en nuestro primer minuto de relación. Pero me cansan tanto, que he llegado a pensar que quizá estoy dispuesta a quedarme con los amigos que ya tengo hasta el final de los tiempos.  

Mientras más lo pienso, más convencida estoy de que el problema aparece cuando nos quedamos en esa capa superficial: cuando hablamos durante años con alguien sin atrevernos nunca a compartir –o siquiera a preguntar­– por los temas que realmente nos importan. Hace poco leí un artículo que proponía reemplazar el small talk por el big talk: conversaciones más personales, más profundas y significativas. Su argumento era que creemos que van a ser conversaciones incómodas, cuando en realidad son una gran fuente de conexión y bienestar emocional.  

Pienso que, en general, le tenemos miedo a la intimidad.  Nos asusta la vulnerabilidad, cuando es precisamente ahí donde suelen nacer los vínculos más significativos. Brené Brown, escritora e investigadora, ha dedicado más de dos décadas a estudiar la vulnerabilidad, la vergüenza, el coraje y la conexión humana. En su célebre TED Talk, The Power of Vulnerability, plantea que la vulnerabilidad, lejos de ser una debilidad, es una condición necesaria para una verdadera conexión entre dos personas. Pero claro, no es fácil. Asusta mostrarle al otro algo privado y preciado sin saber cómo va a reaccionar o si es que lo va a cuidar como se merece. Nos da vergüenza. Brown habla de esta vergüenza y la categoriza como el miedo a no ser dignos de amor o aceptación, lo que nos lleva a ocultarnos, a quedarnos en la superficie.  

Las conversaciones íntimas y profundas conllevan cierto riesgo, implican mostrar lados nuestros que no suelen estar expuestos, ni siquiera ante nosotros mismos. Pero es importante y necesario tenerlas, para generar vínculos verdaderos, para no terminar solos en medio de un montón de gente. Quizá el desafío sea animarnos a bajar la guardia, a dejarnos conocer y, al mismo tiempo, interesarnos genuinamente en encontrar al otro. 

 

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