“Los amigos son la familia que uno elige”. Es una frase que escuchamos con frecuencia, pero no necesariamente nos detenemos a pensar en todo lo que implica. En la última década, he visto a mi círculo social cambiar drásticamente porque muchas personas se han ido, poco a poco, a vivir fuera del país. Ha sido difícil encontrarme viviendo en una ciudad aparentemente cada vez menos atractiva para muchos de mi entorno, sintiéndome un poco sola y extrañando a tantos amigos queridos a la vez. Con el tiempo, sin embargo, creo haber logrado reconstruir mi red de soporte y encontrar a personas muy especiales que conforman mi “tribu” actual.
“Pero mi deber es insistir en apelar a las neuronas: si votas por Keiko, vas a tener a Carranza en el MEF, al mejor ministro de Economía desde Boloña...”.
Hay mucho que reflexionar sobre la amistad. El lugar que los amigos ocupan en nuestra vida va cambiando con los años, aunque su importancia permanece. Los amigos empiezan a ser significativos desde temprano en la niñez, cuando comenzamos a salir poco a poco del núcleo familiar y descubrimos el mundo más allá de este. Luego, en la adolescencia, se convierten en nuestros principales referentes, así como una fuente indispensable de pertenencia, autoestima y bienestar emocional.
¿Y qué pasa en la adultez? Lo cierto es que la amistad sigue siendo importantísima, pero se vuelve más difícil de sostener. El trabajo, la pareja, los hijos, la rutina y el cansancio empiezan a competir por nuestro tiempo y energía. Además, los amigos dejan de formar parte de nuestra cotidianidad, porque cada quien está lidiando con esas mismas variables en su propia vida. Entonces, tener amigos se convierte en un esfuerzo consciente, en una decisión permanente. Hay que buscarlos activamente, sincronizar agendas y ubicaciones geográficas, aprender a estar cerca incluso cuando ya no se comparte la misma rutina.
También sucede que perdemos amistades —sin necesariamente habernos peleado con ellas—. Y eso puede ser doloroso, sobre todo porque esos duelos no suelen tener el mismo reconocimiento o validación social que la ruptura de una relación de pareja.
Las amistades adultas suelen volverse más complejas y por momentos responden, al menos parcialmente, a necesidades psíquicas conscientes o inconscientes. A veces buscamos en los amigos contención, validación, reconocimiento o pertenencia. La amistad juega un papel fundamental en nuestro psiquismo. Creo que pocas cosas son tan valiosas como tener amigos que nos acompañen, que nos conozcan de verdad y con quienes compartir la vida. Personas que son testigos de esas versiones de nosotros mismos que solo existen en el vínculo con ellas. Busquen su tribu, conecten, cuiden esos vínculos. Son un tesoro.
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