Para Luis Arévalo, uno de los chefs peruanos más influyentes de Europa, la cocina nunca fue solo una profesión. Es el lenguaje con el que comunica emociones, la herramienta que le permitió demostrar que podía triunfar sin un título universitario y el espacio donde encontró el equilibrio personal.
Conversamos con la Directora de Promoción del Turismo de PromPerú luego de la elección de Lima como sede del principal evento gastronómico del mundo.
"La cocina es una forma de expresarme, de comunicar sentimientos, pasiones y momentos de mi vida. Me da plena libertad. Es mi vida", afirma el cocinero nacido en Iquitos, quien lleva casi tres décadas difundiendo la cocina nikkei por el mundo.
Su propuesta fue pionera en Europa y ayudó a posicionar la cocina nikkei como una de las tendencias gastronómicas más importantes del continente.Antes de dedicarse a los fogones, Arévalo estudió Ingeniería Agronómica y Administración de Empresas en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana. Incluso soñó con estudiar Ciencias de la Comunicación. Sin embargo, descubrió que podía contar historias desde la cocina.
"Cuando me encontré con la cocina me di cuenta de que también podía comunicar. Me permite crear y, a través de la creación, transmitir lo que siento", dice a Perú21.
Una promesa hecha a su padre
El chef recuerda que abandonar dos carreras universitarias generó dudas incluso dentro de su familia. Su mayor motivación, cuenta, fue demostrarle a su padre que era posible construir una vida exitosa siguiendo otra vocación.
"Mi sueño cuando salí del Perú no era hacerme rico. Quería pagar una deuda con mi padre: demostrarle que no necesitaba un título profesional para ser alguien en la vida. Ese sueño lo cumplí y él pudo disfrutar mis triunfos."
Con el paso de los años llegaron los reconocimientos, los premios y los restaurantes propios. También cumplió otros sueños de infancia, como tener una gran casa. Sin embargo, asegura que hoy sus prioridades han cambiado.
"Cada vez necesito menos para vivir. Ahora vivo en un apartamento pequeño y soy muy feliz", anota.
El gran embajador de la cocina nikkei
La trayectoria de Arévalo comenzó en Sushi Ito, en Lima, continuó en el restaurante Sakura, en Santiago de Chile, y dio un giro definitivo en Madrid, donde trabajó en el Grupo Kabuki antes de liderar proyectos como 99 Sushi Bar, Nikkei 225, KENA y Gamán, restaurantes que recibieron reconocimientos de las guías Michelin y Repsol, además de premios de la crítica gastronómica española.
Su propuesta fue pionera en Europa y ayudó a posicionar la cocina nikkei como una de las tendencias gastronómicas más importantes del continente.
A sus 58 años, Arévalo asegura que ya no vive obsesionado con alcanzar nuevas metas. Prefiere disfrutar el camino mientras continúa expandiendo sus proyectos gastronómicos.
En los últimos meses inauguró un restaurante de Akiro en Milán y una nueva sede de KENA en Marbella. Además, este año prevé abrir dos nuevos locales de Akiro en Dubái, otro en Zúrich, nuevos proyectos en Madrid y el concepto Choque y Fuga, una cervecería con identidad peruana.
"La vida me está dando muchas satisfacciones. Mi sueño ahora es seguir haciendo lo que hago, seguir disfrutándolo y dejar que la vida me sorprenda."
Aunque durante años imaginó terminar su carrera atendiendo una pequeña barra de sushi para diez personas, hoy reconoce que encontró una nueva pasión.
"Disfruto mucho más creando conceptos y desarrollando nuevos restaurantes. Ese es mi sueño: seguir creando", sostiene. Y va por más.
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