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La previsión no aplaude, pero salva vidas

"Prevenir nunca es un gasto perdido; es la diferencia entre resistir o lamentar", dijo el economista Juan Manuel Benites.

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"La prevención no puede depender del cálculo político ni del humor de cada gobierno", comentó Benites.
Fecha actualización:
08/07/2026 - 06:55
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En septiembre de 2015 asumí la conducción de la prevención ante un fenómeno de El Niño anunciado extraordinario para 2016, con probabilidad de igualar 1982-83 y 1997-98. Era, como el que hoy se anuncia, un evento global. Decidimos trabajar como si lo peor fuera inevitable.

Por decreto de urgencia redirigimos más de 3,000 millones de soles a prevención. Descolmatamos ríos —el Piura entre ellos—, enmallamos quebradas, levantamos defensas ribereñas, limpiamos drenajes, instalamos sistemas de alerta temprana y desplegamos maquinaria y puentes modulares. Creamos el Consejo Nacional de Gestión del Riesgo del Fenómeno de El Niño (DU 004-2015), que presidí, con ocho ministros para decidir rápido y la Contraloría acompañando las compras. Reservamos recursos también para responder, no solo para prevenir.

El Niño se debilitó. Llegó apenas moderado. Para muchos, prueba de un gasto excesivo. Esa es la maldición de la prevención —cuando funciona, parece innecesaria. No aplaude; se la reconoce, si acaso, por su ausencia.

La verdadera prueba llegó un año después. En 2017, El Niño costero golpeó con lluvias récord. Donde se había trabajado, la infraestructura resistió —las mallas de Chosica detuvieron los huaicos y salvaron vidas; los ríos descolmatados encauzaron caudales extraordinarios. Donde se abandonó la tarea —el siguiente gobierno recortó el presupuesto de prevención a la tercera parte—, el daño fue mayor. Lo sembrado en 2015 protegió al país cuando de verdad hizo falta.

Esa es la lección que no podemos olvidar. Se anuncia de nuevo un fenómeno de El Niño global que quizá se atenúe. Ojalá. Pero apostar a que no vendrá es el error que no podemos permitirnos. La prevención no puede depender del cálculo político ni del humor de cada gobierno; debe ser política de Estado, sostenida entre gestiones y blindada frente a quien recorta hoy lo que otro construyó ayer.

Nada de esto funciona sin un equipo con liderazgo, experiencia y capacidad de comunicación. La población tiene derecho a saber qué se hace, por qué y cuánto cuesta; sin esa confianza, la mejor obra parece un despilfarro, y sin información clara, la gente no sabe cómo protegerse. Por eso creamos el aplicativo Prepárate Perú para que cada familia sepa qué hacer ante una emergencia.

Ese equipo debe operar como un comando central, con poder real de decisión y el respaldo del más alto nivel. Con base científica, debe integrar a los actores del territorio y delegar en los ministerios y gobiernos subnacionales en un plan estructurado, con la Contraloría vigilando el gasto y el MEF facilitando recursos a tiempo.

El país no necesita tener suerte; necesita estar preparado. El Niño que no fue en 2016 nos enseñó lo que en 2017 confirmó con dureza —prevenir nunca es un gasto perdido. Es la diferencia entre un país que se lamenta y otro que resiste.

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