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Borges: cuarenta años no es nada

Poco o nada sabe el gran público del Borges ensayista. A los veintinueve años, ya había publicado tres volúmenes de ensayos.

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Jorge Luis Borges, el mayor narrador de cuentos de Latinoamérica.
Fecha actualización:
11/06/2026 - 07:30
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Hace cerca de cuarenta años, un 14 de junio, encontré que todos los diarios en el quiosco proclamaban una misma noticia: “Murió Borges”. Todos temblábamos. Uno de esos diarios le dedicó un suplemento el fin de semana y allí Rodolfo Hinostroza recordó que, si Borges no había recibido el Nobel, era por el odio de Artur Lundkvist, un mediocre poeta sueco muy influyente en su país y autor de ochenta libros inútiles. Rodolfo decía que el maestro no necesitaba un premio otorgado por “una Academia tristemente sueca”.

 

 

Poco o nada sabe el gran público del Borges ensayista. A los veintinueve años, ya había publicado tres poemarios y tres volúmenes de ensayos, sin sospechar que sería el mayor narrador de cuentos de nuestra lengua. Más tarde prohibió, razonablemente, la reedición de esos ensayos, pero los que produjo después alcanzarían una excelencia no igualada. Leer los incluidos en Discusión (1932) y Otras inquisiciones (1952) es un raro placer estético. Es contemplar el despliegue magnífico de la inteligencia junto con una imaginación poderosa. Varios de esos ensayos bien pueden ser incluidos en la literatura fantástica, verbigracia “El enigma de Edward FitzGerald”, que sugiere explicaciones sobrenaturales para un misterio de la literatura inglesa. O “El idioma analítico de John Wilkins”, que roza el horror cósmico y famosamente cita la sospecha de David Hume de que el mundo ha sido creado por un dios decrépito que ya se ha muerto.

Releer, afirma Borges, es más importante que leer. Cuando uno relee una de esas piezas exquisitas aprende a leer mejor, a disfrutar más y a descubrir el arte de otros grandes. Borges significa el feliz descubrimiento de Marcel Schwob, H. G. Wells, Chesterton, Saki, Thomas de Quincey, el último Kipling, Schopenhauer, los cuentistas chinos… Ejerció también la forma del ensayo muy breve. De esa forma uno puede leer sus prólogos reunidos en las colecciones Biblioteca personal y La biblioteca de Babel. Así, también, sus reseñas en una revista para señoras rescatados en Textos cautivos. En su prólogo a Bartleby, Borges propone una interpretación sui generis de Moby-Dick. Abelardo Oquendo me dijo que la idea era equivocada, pero era mejor que la del propio Melville. Me asombra que pocos estudiantes de literatura les dediquen a sus relatos la atención que merecen; me apena que casi ninguno conozca su producción ensayística. 
 

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