En Lima, hay lugares donde la cocina no descansa. Y Ají y Rocoto es uno de ellos. En este huarique, el lomo saltado no es solo un plato: es una religión. En cuestión de minutos, el local se llena y empieza el espectáculo: fuego alto, wok en movimiento y una coreografía perfecta entre carne, cebolla, tomate y ají amarillo. Pero detrás del sabor hay una historia. La de Antonio Rodríguez y Jeri Campos, una pareja que empezó en Japón y que, tras el terremoto de 2011, regresó al Perú para comenzar desde cero. Entre pruebas, errores y técnica, encontraron su camino en un solo plato: el lomo saltado.