En esta oportunidad me referiré a la clamorosa ineptitud de nuestras autoridades políticas — nacionales, regionales y municipales— por no guardar parte de las abundantes aguas de lluvias, para disponer de ellas en los estiajes… como ahora.
De enero a abril, siempre —desde toda la vida— llueve copiosamente. Los reservorios se llenan. Sin embargo, mucha agua dulce se pierde en el mar.
En los veranos los ríos se desbordan. Muchos huaicos caen embalados y arrasan con todo lo que encuentran en su
camino.
Pasado el huaico, todo termina embarrado, destrozado, pestilente, plagado de zancudos y mosquitos. El temible dengue reaparece, así como todo tipo de enfermedades de la piel, enfermedades diarreicas y demás.
En mayo, nuestros ríos traen los últimos remanentes de agua, y en julio —como ahora— la mayoría de nuestros ríos se secan. Es decir, empieza el estiaje. El estiaje dura hasta octubre o noviembre de cada año.
En este periodo, no llueve. Los que tienen acceso a agua de reservorios —o de pozos— pueden regar sus cultivos y abrevar su ganado. Pero el resto, la pasa mal. Muy mal.
De septiembre a diciembre, se exacerba la desesperación por el agua. Seis o siete meses de estiaje, es una eternidad para cualquier cultivo o crianza. En esa temporada aparecen las primeras lluvias, pero —claramente— son insuficientes. Sobre todo, para los campesinos que no tienen acceso a agua de reservorios, los cuales —dicho sea de paso— son la mayoría.
¿Por qué no hemos construido reservorios ni sembrado bosques en la sierra para evitar huaicos e inundaciones, y para tener agua todo el año?
No nos engañemos. Nuestro Estado ha fallado estrepitosamente, en materia de gestión de riesgos de la naturaleza. Y si a ello le sumamos los pésimos servicios públicos. Me refiero a los servicios de salud, educación, seguridad, infraestructura, justicia y demás… el Estado ha fallado estrepitosamente en todo, o casi todo.
Tal como está estructurado, el Estado fallido que tenemos seguirá fallando indefinidamente, con pésimos servicios públicos. Con obras de infraestructura paupérrimas. Con funcionarios corruptos a diestra y siniestra. Con mediocridad a tope.
Y en materia climática, seguiremos tal cual… alternando entre lluvias, huaicos y sequías, hasta nunca acabar.
He ahí el gran desafío del nuevo gobierno que asumirá las riendas del Estado el próximo 28 de julio. Despolitizar el Estado… y profesionalizarlo. Si no; la política corrupta e inoperante que tenemos lo echará todo a perder.