Estoy parada en una fila en el banco. Delante de mí hay cinco personas. Probablemente no se demoren más de 15 o 20 minutos en atenderme, pero yo ya tengo el teléfono en la mano. No porque haya recibido alguna notificación, sino porque esperar se me ha vuelto insoportable. Sé que no soy la única.
“Las parejas no son sólidas porque no haya conflictos. Las parejas son fuertes porque logran transformar sus diferencias”.
Es importante aburrirse de vez en cuando. Y no me refiero al aburrimiento que emerge de la monotonía de la vida, a ese más existencial y tiene que ver con el vacío y la falta de propósito. Me refiero al aburrimiento cotidiano: el que surge cuando esperamos que nos atiendan, cuando jugamos con un niño pequeño a la misma actividad una y otra vez o cuando subimos por el ascensor. Nos hemos vuelto reacios a experimentar esta sensación. No le permitimos estar e inmediatamente la extinguimos con la estimulación dopamínica de nuestros teléfonos. Estamos sobreestimulados; nuestra atención está permanentemente dividida entre lo que ocurre en el mundo alrededor y lo que sucede en nuestras pantallas. Como consecuencia, nuestro enfoque casi nunca va hacia adentro, hacia el mundo interno.
Existe un concepto llamado mind-wandering (divagación mental), que se refiere a aquellos momentos en los que la atención deja de estar completamente en una actividad externa y los pensamientos comienzan a desplazarse espontáneamente hacia recuerdos, planes, fantasías o preocupaciones. No me refiero aquí a las rumiaciones, ese “sobrepensar” poco adaptativo que genera ansiedad o puede deprimirnos, sino a una forma constructiva de dejar que nuestra mente vuele un poco. Este proceso de mind-wandering favorece la planificación futuro, la resolución de problemas, la consolidación de recuerdos y, en algunos contextos, la creatividad. Y suele ocurrir precisamente en esos momentos “muertos”, aburridos, sin estimulación ni distracción externa.
Así como consumimos alimentos y damos tiempo a nuestro cuerpo para digerirlos, nuestra mente también necesita tiempo para procesar las experiencias vividas. A lo largo del día acumulamos conversaciones, aprendizajes, tensiones, preocupaciones que necesitan ser elaborados. Este trabajo silencioso suele ocurrir en esos momentos aparentemente vacíos que nos apuramos a llenar y que pueden ser, paradójicamente, los más productivos.
Recibe tu Perú21 por correo electrónico o por Whatsapp. Suscríbete a nuestro periódico digital enriquecido. Aprovecha los descuentos.
VIDEO RECOMENDADO