Días atrás, el alcalde de la provincia de Puno, Javier Ponce, ha enviado una carta a la electa presidenta, Keiko Fujimori; la carta representa sin lugar a dudas un avance significativo entre Puno y el fujimorismo, al que un sector de los ciudadanos puneños considera que fueron el soporte de Dina Boluarte.
No obstante, hay más lecturas sobre la carta del alcalde Ponce a la presidenta Fujimori. La primera es que Puno toma el pulso a la nueva presidenta. Sin dudas, ha sido una jugada que abre el juego de ajedrez que en los próximos días, y semanas, el fujimorismo y la oposición van a jugar políticamente hablando sobre el “tema Puno”. Asimismo, que la carta haya sido una iniciativa del propio alcalde significa que las cosas no están tan rotas como se dice por allí. Años atrás había un fuerte fujimorismo social en Juliaca y Puno.
Pero el diálogo Puno - fujimorismo no solo será sobre las desafortunadas víctimas (ciudadanos y fuerzas del orden) de 2023. El diálogo será sobre todo por los proyectos de desarrollo que el Estado debe ejecutar en las próximas semanas. Pero el fujimorismo tiene un gran problema: operadores políticos que si nos los consigue deben tener a los alcaldes provinciales y distritales como aliados.
Pero otro tema. El tema no solo es sobre Puno sino sobre todo el sur. Curiosamente, el alcalde es presidente de la Red de Municipalidades Urbanas y Rurales del Perú (Remurpe) que agrupa a todas las regiones del sur, norte y centro. Entonces la agenda de Puno no es solo de Puno, sino de las regiones del sur. Remurpe puede ser esa gran plataforma para la integración. El fujimorismo, entonces, tiene varios retos en el sur más allá de la propia agenda de Puno.
El gran detalle es que pueda ser la izquierda la que evite la integración entre el fujimorismo, Puno y el Ejecutivo. A la izquierda le conviene que no haya integración ni haya unidad. La estrategia de la izquierda y sus operadores es separar y agitar la confrontación.
Si en los próximos 100 días el fujimorismo no solo dialoga, sino que lleva el Estado central al sur peruano, entonces la jugada sería muy efectista y ganaría legitimidad, como dicen ciertos “analistas”. Ese el gran problema que la izquierda tiene con el fujimorismo. Que se reedite la parte positiva del albertismo y con ello Fuerza Popular pueda continuar su crecimiento como fuerza social en las regiones del sur.