La inminente proclamación del JNE a quien obtuvo la mayoría —con poca diferencia, pero legítima— del ballottage, hace que nuestra política criolla inicie un juego de tronos sugiriendo, proponiendo y especulando sobre quiénes podrían o deberían acompañar a la ganadora de la banda presidencial en su próximo gabinete.
Es un juego insano y autodestructivo de nuestra fauna. Especular sobre los futuros ministeriables, con rumores de todo tipo y calibre, ponderando méritos y denostando deméritos, para que, puestos en el fajín, empiece el consiguiente tumbalatas para derribarlos prontamente. Un ejercicio cainita y de fagocitación.
Ponemos los bueyes detrás de la carreta. Nos encanta solazarnos con posibles ministeriables, sin caer en cuenta que ni siquiera se han formado las necesarias comisiones de transferencia de la administración pública y de los principales agentes del poder. Y estamos a solo 3 semanas del cambio del mandato constitucional. En ese lapso: (i) deberá juramentar un nuevo Congreso bicameral; (ii) designar a un nuevo jefe del Ejecutivo por —en principio— 5 años hasta 2031; (iii) luego —según reza la Constitución— elegir a un presidente del Consejo de Ministros; y, (iv) de consuno con el nuevo PCM, a su propuesta y con su acuerdo, recién designar al nuevo Gabinete.
Primero lo primero y segundo lo segundo. No es solo de sentido común, es una exigencia de buen gobierno. La sindéresis política dicta que primero debería tratarse la transferencia de la administración pública y sus resortes del poder, luego designar al PCM como segundo en el Poder Ejecutivo y, finalmente, a los ministros. Esa es la prioridad y de ello depende la estabilidad del Estado.
Pero nuestra clase política siempre lo hace al revés. Le encanta empezar por el final. Por eso va de fracaso en fracaso y por eso la polarización evidenciada al cabo de la segunda vuelta.
Estamos asistiendo al “regreso de los muertos vivientes”. Sempiternos políticos aparecen desde el inframundo para ofertarse descaradamente. Rivales políticos que han contendido por la mismísima presidencia, ahora están dispuestos a consolarse con un fajín temporal. Personajes que van de tienda en tienda, que anteaño tuvieron expresiones muy duras contra su contendora, hogaño se deshacen en halagos a virtual ganadora. Pasan contritos y cabeza gacha por el dintel de su puerta, con tal de estar donde revientan los cohetes. Tan grotesco espectáculo incluyó a Melcochita. Ni llama la atención ni da risa.
La ansiedad por la repartija termina desplazando lo verdaderamente importante. Debe haber más de 500 personas haciendo cola, con CV bajo el brazo, ad portas de la futura presidenta de la república, todos convencidos de portar los necesarios pergaminos para integrar un gabinete.
Un gobierno no se construye mediante romerías de candidatos ni por presiones periodísticas. Debería hacerse, cuando corresponda, llamándose a los mejores. Es la tarea más difícil por completar.