¿Cómo ha sido tu experiencia dentro de Mistura?Hay que adaptarse, primero, al volumen, pues uno puede llegar a vender unas mil raciones por día. Por eso, nosotros decidimos llevar un producto que, para la mayoría, resulta extraño: el paiche y, así, ayudamos a que los limeños empiecen a introducir ese sabor en su universo gustativo, en su inconsciente. Felizmente, gracias a las piscigranjas, el paiche ya no está en extinción. Claro, esto pasa con el paiche, porque, la verdad, cada vez hay menos productos hidrobiológicos. Pero también puse en Mistura mi plato preferido: un poroto shirumbe, una sopa de frejoles con yuca y cerdo, y no se vendió… todo el mundo quería paiche (ríe), y me sentí un poco desilusionado.