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Las redes sociales

"Resentidos y acomplejados difunden rumores, inventan acusaciones o atacan por el solo morbo de la masividad sin responsabilidad".

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(Grok/Perú21)
(Grok/Perú21)
Fecha actualización:
18/07/2026 - 07:05
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Umberto Eco afirmó: “Las redes sociales dan derecho de hablar a legiones de idiotas”, provocando enorme polémica. Eco no cuestionó la libertad de expresión ni el acceso democrático a la comunicación. Su crítica: las “redes” colocan al mismo nivel la opinión informada y el disparate, el conocimiento y la ignorancia, la verdad y la mentira, el anonimato y la cobardía.

El imparable y sideral avance de la tecnología ha permitido la comunicación masiva por medio de las “redes”. Es uno de los fenómenos culturales más explosivos de los últimos tiempos. Ha transformado vías de información y la inmediatez con que construimos nuestra relación con el mundo de hoy.

Pero también ha abierto las puertas a la impunidad y al anonimato en conductas reprochables que antes permanecían limitadas por barreras sociales y la ley. El anonimato es el parapeto para la agresión gratuita, la difamación y el insulto con cero consecuencias. La regla jurídica sin sanción es mera ilusión.

Bajo la mascarada de un nombre falso o una identidad inexistente, cual barra brava, lucen su impunidad. Resentidos y acomplejados difunden rumores, inventan acusaciones o atacan por el solo morbo de la masividad sin responsabilidad. La mentira circula con extraordinaria velocidad, mayor a la de la propia verdad. La falsedad solo requiere de 140 caracteres.

A ello se suma la adicción a la conectividad y la dependencia de las “redes”. Millones de personas consultan compulsivamente sus celulares las 24 horas. La necesidad de recibir “likes”, comentarios o seguidores ha creado una “esclavitud” que afecta la concentración, el descanso y la calidad de las relaciones humanas —laborales y familiares—. Vivimos pendientes de una pantalla y de su invisible audiencia.

Es particularmente grave en los jóvenes. Colegios y universidades se han convertido en fuente de distracción y desinformación con las “redes”. El tiempo destinado a la lectura y a la reflexión es reemplazado por un flujo interminable de videos, mensajes superficiales y contenidos diseñados para captar compulsivamente su atención. La cultura de la inmediatez desplaza al esfuerzo intelectual, favoreciendo la fragmentación del pensamiento. Las “redes” se convierten en gigantescos vertederos del conocimiento donde el ruido ahoga a la razón y la mentira sustituye alevemente a la verdad.

El doctor Budini es ejemplo de lo anterior. De grotesco andar, luce resentido, acomplejado y envidioso. Cultiva falsos valores desde su madriguera informática tecleando frenéticamente. Denuesta y acusa a los demás. Rey de la impostura y la deslealtad. Bombardea a colegas y maestros a los que hoy muerde la mano. Sus “seguidores” y "likes” le empujan a seguir con su innoble cometido. ¿Su karma? Su “popularidad” en las “redes” es inversamente proporcional a su prestigio profesional. Mientras más se oscurece, con mayor agresividad aporrea el teclado apostillando “novedades”, dando rienda suelta a su lamentable papel en una sociedad democrática. 

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