A veces una foto puede engañar. La segunda vuelta muestra un país dividido en dos. La primera muestra algo muy distinto. El empate técnico entre Fuerza Popular y Juntos Por el Perú ha instalado la idea de un Perú partido en mitades irreconciliables. Es una conclusión comprensible, pero incompleta. La segunda vuelta responde a una pregunta muy específica: quién ocupará la Presidencia de la República. No necesariamente responde a qué visión de país respalda la mayoría de los peruanos.
Y para responder esa pregunta conviene volver a la primera vuelta.
De las cuatro candidaturas más votadas, tres defendían —con distintos matices— la economía de mercado, la estabilidad macroeconómica, la apertura al comercio y la Constitución vigente. Podían discrepar sobre seguridad, reforma del Estado o política social. Pero coincidían en algo fundamental: los problemas del Perú debían resolverse corrigiendo lo que no funciona, no desmontando las bases institucionales y económicas sobre las que el país ha construido su desarrollo.
Ese dato importa. Porque una eventual victoria presidencial no cambia lo que dijeron las urnas en la primera vuelta. Los peruanos podían discrepar sobre quién debía gobernar, pero mostraron una preferencia mayoritaria por mantener la economía de mercado, la estabilidad macroeconómica y la Constitución vigente.
Los resultados muestran un país cansado de la inseguridad, de la informalidad, de los servicios públicos deficientes y de un Estado que muchas veces no cumple. Pero una cosa es exigir cambios profundos y otra muy distinta es apostar por una ruptura constitucional, cuestionar la economía de mercado o poner en riesgo instituciones que han contribuido a la estabilidad del país.
Durante la campaña se ha repetido que el país debe escoger entre continuidad y cambio. La primera vuelta mostró algo diferente. La mayoría no votó por mantener las cosas exactamente como están, pero tampoco por reemplazar las reglas fundamentales que han dado estabilidad al país. Votó por corregir, no por destruir.
Por eso la lectura de la segunda vuelta debe hacerse con cuidado. El próximo presidente podrá contar con una mayoría electoral ajustada. Lo que no podrá hacer es ignorar que existe una mayoría mucho más amplia que sigue creyendo en la inversión privada, la estabilidad económica y la necesidad de reformar el país sin destruir lo que funciona.
La segunda vuelta elegirá un presidente. La primera ya eligió un rumbo.