Es la primera vez que un papa entra en el congreso español para pronunciar un discurso. Hecho histórico, como histórico el aplauso que recibió.
"Aquí es donde tiene que entrar a tallar el personero legal de cada partido, para que esté atento a cada una de las jugadas que busquen “tumbarse” actas de votación".
Se dirigió a los asistentes desde el más profundo respeto “a la misión propia de las instituciones y la responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar”. Pues una cosa, dijo, es “autonomía de las realidades terrenas”, y otra “la comunidad eclesial”. Aquí, en el hemiciclo “las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisión compartida”.
En la hora de la verdad que se abre para el Perú, cuan necesario sería que este papa peruano repitiera sus reflexiones a los legisladores y mandatarios del Perú. “Decisión compartida” debería ser su nuevo mantra.
El resultado de las elecciones presidenciales no puede ser más difícil. Revela una sociedad dividida. Es lamentable, pero es así. En este marco es cuando la condición de los estadistas adquiere su verdadera altura y contenido. Si en un concepto insistió León XIV ha sido en el de dignidad humana. Vale decir respeto por el ser humano, que obliga a legisladores y dirigentes a actuar con responsabilidad moral y política. Es lo que significa gobernar para la otra mitad del Perú: trabajar por la dignidad humana. Hay que convencer más que vencer. Establecer lazos de unión y de comprensión y luchar por el bien común que es, según León XIV, la forma social de la dignidad humana. Cuando el bien común deja de ser el horizonte compartido, entonces la acción pública se fragmenta. ”Hay que respetar a quien piensa distinto. Y luchar por el respeto mutuo en la discrepancia”. Sabias palabras más necesarias que nunca en el Perú, en la hora de la verdad.
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