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El duelo de la espontaneidad

"A mi parecer, lo que estamos viviendo es, en el fondo, un duelo. El duelo por la espontaneidad perdida".

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El duelo de la espontaneidad.
El duelo de la espontaneidad.
Fecha actualización:
04/03/2026 - 07:00
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Tengo un hijo pequeño, así que vivo permanentemente atenta a dosificar su uso de pantallas y a limitar el mío, para no darle un mal ejemplo ni interrumpir nuestros momentos. No es fácil: el teléfono suena todo el día y ofrece infinitas tentaciones. Sin embargo, cada vez encuentro más información que resalta la importancia de regular su uso, tanto para el desarrollo de los niños como para el bienestar de los adultos.  

Vivimos en un tiempo en el que las interacciones sociales son, en su mayoría, premeditadas. Aun en la intimidad del uno a uno, por andar inmersos en nuestros dispositivos, nos perdemos miradas furtivas, gestos espontáneos, sonrisas al paso; pequeñas cosas que, si no estuviéramos absortos en nuestras pantallas, podríamos compartir y disfrutar. Hoy, para hablarle a alguien, primero hay que llamarle la atención explícitamente, porque, por default, seguramente se encuentre mirando su celular, concentrado en algo fuera del aquí y ahora. ¿Por qué? Porque el presente difícilmente compite con la dopamina del teléfono, a la que, en mayor o menor medida, nos hemos vuelto adictos.  

Las transformaciones asociadas al uso de pantallas son sustanciales. No solo impactan nuestras interacciones, sino también nuestros procesos cognitivos. Algunos estudios recientes sugieren que, por primera vez, el aumento generacional del coeficiente intelectual podría haberse detenido —e incluso revertido—. Se dice que las personas de la generación Z (que han nacido y crecido en un entorno saturado de tecnología) serían menos inteligentes que la generación que le precede. Los expertos plantean que esto podría relacionarse con la forma en que aprenden y ocupan su tiempo: mayor exposición a pantallas y menos interacción cara a cara, que suele ser más estimulante intelectualmente.  

En relación con los niños, hace poco me encontré con un término que me pareció muy interesante: technoference, concepto que describe cómo la tecnología interrumpe la interacción entre padres e hijos. Durante años se ha insistido en que darles una tablet a los niños es casi un pecado de crianza. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que el impacto más significativo podría no estar en las pantallas de los hijos, sino en las de los padres: esas notificaciones, mensajes, correos que irrumpen en medio de un juego, una comida o una conversación.  

A mi parecer, lo que estamos viviendo es, en el fondo, un duelo. El duelo por la espontaneidad perdida. Por esa disponibilidad que permitía que algo ocurriera sin haber sido planificado. Incluso, por la posibilidad de aburrirnos juntos, sin necesidad de llenar cada vacío.

 

 

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