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Educación digital o populismo universitario

"Esta decisión puede convertirse en uno de los errores estratégicos más costosos para el desarrollo nacional".

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Columna de Marcelo Cornejo.
Fecha actualización:
07/05/2026 - 07:16
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En un entorno global donde la competitividad ya no depende únicamente de infraestructura física sino de talento, innovación y velocidad de adaptación, el Perú enfrenta una peligrosa contradicción: mientras el mundo avanza hacia ecosistemas educativos digitalizados, plataformas de aprendizaje con docentes de élite y herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la gestión, nuestro aparato político continúa apostando por una expansión cuantitativa antes que cualitativa de la educación superior.

El Congreso peruano aprobó en los últimos años la creación de decenas de nuevas universidades públicas —más de 40 entre iniciativas aprobadas y promovidas— muchas de ellas sin planificación técnica sólida, sin estándares internacionales claros y, en numerosos casos, replicando modelos analógicos en plena era digital. Esta decisión puede convertirse en uno de los errores estratégicos más costosos para el desarrollo nacional.

Crear universidades sin asegurar excelencia docente, tecnología educativa, investigación competitiva y vinculación real con el mercado global no democratiza la educación: precariza expectativas. En términos de marketing estratégico país, esto deteriora el posicionamiento del Perú como generador de capital humano de alto valor.

Hoy, los países que lideran la formación profesional comprenden que el verdadero acceso no está solo en abrir más campus, sino en construir plataformas digitales robustas con profesores de primer nivel, programas híbridos, certificaciones internacionales y modelos de aprendizaje escalables. La educación online de calidad permite que un estudiante en cualquier región acceda a referentes mundiales sin depender de estructuras burocráticas sobredimensionadas.

La inteligencia artificial, además, ya redefine la educación y la gestión institucional: personalización del aprendizaje, análisis predictivo de desempeño, automatización administrativa y toma de decisiones estratégicas basadas en datos. Ignorar este proceso mientras se multiplican instituciones de baja competitividad es condenar al país a formar profesionales para un mercado que ya no existirá. 

El Perú necesita menos populismo universitario y más transformación educativa profunda. La prioridad no debe ser inaugurar más nombres, sino garantizar calidad, digitalización, empleabilidad y competitividad internacional. 

El nuevo Congreso bicameral —senadores y diputados— junto con el próximo Ejecutivo tendrán la responsabilidad histórica de corregir esta ruta. Apostar por una reforma que priorice educación digital de excelencia, integración de inteligencia artificial y estándares globales no será solo una decisión educativa, sino una estrategia esencial para la competitividad y sostenibilidad económica del país.

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