Se discute mucho sobre la baja calidad del gasto público, pero casi nada sobre el costo del tiempo perdido que impone el Estado a los ciudadanos. Porque además de dinero, un Estado ineficiente nos roba tiempo, y lo hace todos los días, a millones de peruanos. Tiempo en colas, trámites absurdos, papeleos presenciales, sistemas que no funcionan, servicios que no atienden, procesos judiciales eternos. Tiempo que no se mide, pero que se sufre, comenta Felipe Morris.