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Vivir en suiza

"He pensado esto los últimos días, antes de la segunda vuelta, cuando los candidatos ofrecían de todo. Quizá demasiadas cosas, si bien pienso que todo es necesario".

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Palacio de Gobierno
Fecha actualización:
17/06/2026 - 07:08
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A principios de los ochenta del siglo pasado, tuve la oportunidad de pasar unas semanas en Suiza, teniendo como sede la ciudad de Lausanne, frente al lago Leman y muy cerca de Ginebra. Mis únicos referentes en esa época eran Antonio Belaunde Moreyra, embajador del Peru (Zurich) y José Hurtado Pozo, que enseñaba en Friburgo. En lo demás, me abrí paso solo y con desenvoltura. Y ahí descubrí muchas cosas. Hitler no invadió Suiza, no sé si por miedo a la respuesta bélica de los suizos o para no asustar a los ahorristas. País de relojeros, según dicen, todo es puntual, empezando por los trenes que recorren el país. Visitando uno de sus cantones, me enteré de que en un referéndum habían votado a favor de mantener o incrementar un impuesto, lo que parecía increíble, porque sabían que eso iba a mejorar los servicios. No tiene ejército, pero cada suizo tiene un arma en casa y hace un servicio militar periódico. Como país es hermoso y seguro, a tal extremo que a la policía ni se le ve. Su producción es escasa, pero variada. Producen magníficos chocolates, pero no tienen cacao, y un queso clásico: el Gruyere. Y por eso se dice que es un paradigma difícil de alcanzar y como referente de cosas imposibles.

He pensado esto los últimos días, antes de la segunda vuelta, cuando los candidatos ofrecían de todo. Quizá demasiadas cosas, si bien pienso que todo es necesario. Pero el problema es el cómo y el cuánto. Es decir, por más rico que sea el Perú, no puede hacer todo al mismo tiempo y es ineludible priorizar. Es decir, hacer una lista en la cual exista un orden de necesidades. Asi, luego de darle vueltas he pensado que, quizá, deberíamos partir de tres. Y serian: salud, educación y seguridad.

Cuando llegó la pandemia del COVID en 2019, los hospitales públicos no tenían oxígeno y demoraron las vacunas. Al margen de los afectados, murieron más de 200 mil personas, lo cual es lamentable.

Lo segundo es la educación, que es realmente un desastre. Pésimos profesores (caso de Pedro Castillo) y colegios que se caen a pedazos.

Finalmente, la seguridad, que afecta a todos en mayor o menor medida. Y con eso podemos empezar, teniendo a Suiza como referente, aun cuando quizá sea inalcanzable.

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