-Según el inteligente politólogo Carlos Meléndez, el electorado peruano nuevamente ha quedado partido más o menos en tres tercios, pues de los 27 millones habilitados para votar en la segunda vuelta, unos 9 millones votaron por la derecha/fujimorismo, otros 9 millones por el antifujimorismo/izquierda y los 9 millones restantes se marginaron (ausentismo, nulos y blanco). Este esquema de los tres tercios proviene desde las elecciones de 1962, en donde el APRA (Haya), la derecha (Odría) y el centro (Belaunde) ocuparon un tercio cada uno. Eso un poco que se repitió en los 80 desde la elección en 1978 para la Asamblea Constituyente, donde el centro/derecha (AP y PPC), la izquierda y el APRA se ubicaron así. En los 90 este esquema desaparece por la hegemonía fujimorista. Reaparece —más o menos parecido— solamente en las primeras vueltas de 2001 (Toledo, Alan y Lourdes) y 2006 (Ollanta, Alan y Lourdes) y se acaba con la resurrección del fujimorismo con Keiko desde 2011 y la posterior atomización política. Hoy los tres tercios asomaron la cara de nuevo (Meléndez dixit).
-Nunca hay que ser malagradecidos. Por eso hay que reconocer que un factor importante a última hora de que Keiko esté por ganar la presidencia fue ese webero zurdo autoapodado Curwen, que al querer presionar a Nieto en vísperas de la segunda vuelta para que se pronuncie a favor de Sánchez terminó provocando lo contrario: Nieto pulverizó a Sánchez por su cercanía con senderoides. Eso se viralizó impresionantemente en las redes y le cayó a Sánchez como una pedrada al ojo sano del tuerto, porque que un caviar y no un derechista haga esa acusación tan seria tuvo mucho peso entre los indecisos (en esto coincido con el opinólogo rojo Silvio Rendón). Nunca sabremos cuántos miles de votos se decidieron por esa curwenada, pero todo voto ganado se agradece en una elección tan apretada (también el cuerdo exfiscal Pérez redondeó la faenaza fujimoristófila de Curwen con esa posterior amenaza absurda a Nieto).