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PPK y Keiko: El perdón del pecado original

"El principal afectado por el canibalismo político de los últimos diez años ha decidido, con mucha nobleza, extender la mano y cerrar la herida. Si PPK ya perdonó por el bien del país, ¿por qué el Perú no podría hacer lo mismo?". 

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Fecha actualización:
19/05/2026 - 07:00
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La reunión entre el expresidente Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori es el acto de madurez política más importante de la última década. Se dio días después de que el juez Concepción Carhuancho dictara el sobreseimiento del caso de lavado de activos contra el exmandatario, causa que forzó su renuncia en 2018. El mismo magistrado que ordenó su prisión preventiva en 2019 determinó que no había pruebas, desbaratando la tesis del politizado exfiscal José Domingo Pérez.

El costo de este proceso fue devastador. PPK fue despojado de sus bienes -que fueron vandalizados- y lleva ocho años sin ver a su esposa, quien vive en EE. UU. cuidando a su madre y hermano enfermo. Además, sus cuentas bancarias y las de su familia en EE. UU. fueron cerradas por la acusación fiscal. Un ensañamiento ejecutado sin sentencia y sin un solo colaborador eficaz que lo incriminara.

PPK ya no habla desde la vulnerabilidad ni de la tribuna deslegitimizada de un sentenciado, como Alejandro Toledo, Ollanta Humala o Pedro Castillo. Al no tener ambiciones electorales a sus 87 años y erigirse como el único mandatario elegido por el pueblo que hoy camina libre y limpio de condenas, su gesto de perdón se convierte en un acto de desprendimiento histórico. “El bienestar del Perú hoy está en juego”, escribió el exmandatario en X.

En democracias más institucionalizadas, como la chilena, los expresidentes son activos republicanos a los que se recurre en tiempos de zozobra para buscar consejos basados en la experiencia. En el Perú, el escándalo Lava Jato arrasó con una clase política entera y, en la vorágine, justos terminaron pagando por pecadores. Si se observa el mapa de los liderazgos que condujeron o disputaron el destino del país en las primeras dos décadas del siglo XXI, el panorama es desolador: Alan García y Luis Castañeda han fallecido, Alejandro Toledo y Ollanta Humala tras las rejas, y Lourdes Flores permanece retirada.

Por eso, esta cita entre PPK y Keiko es el encuentro de los últimos sobrevivientes de un naufragio. Representan el puente con un orden que colapsó, pero que hoy, ante el avance de la izquierda radical, se reconfigura como una inesperada línea de contención.

El principal afectado por el canibalismo político de los últimos diez años ha decidido, con mucha nobleza, extender la mano y cerrar la herida. Si PPK ya perdonó por el bien del país, ¿por qué el Perú no podría hacer lo mismo?