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¿Y ahora qué?

Independientemente del resultado electoral, lo que ahora nos toca es escuchar, dialogar, reconstruir la confianza, aprender a convivir con la diferencia

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Carlos Galdós
Columna de Carlos Galdós.
Fecha actualización:
08/06/2026 - 07:00
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Hoy lunes unos celebran, otros lloran, unos sienten esperanza otros sienten miedo. Unos creen que el país se salvó, otros creen que el país se perdió. Y mientras tanto el Perú sigue ahí, esperando. Esperando que algún día las elecciones no sean el final de una historia sino más bien la continuidad de un objetivo común.

Me imagino el Perú como un proyecto arquitectónico que cada cinco años cambia de arquitectos, ingenieros, y cada uno llega con una propuesta diferente a la anterior. Entonces, lo que el primero hizo, el siguiente lo deshace y así nunca se termina la obra.

La construcción de nuestra nación debería ser diaria, en las calles, en las casas, en los colegios, en los trabajos, en las conversaciones y sobre todo en los vínculos que somos capaces de sostener justamente con quienes piensan diferente.

La pregunta hoy no es quién ganó. La verdadera pregunta es ¿Quiénes vamos a decidir ser ahora? Siento que estamos llegando cada cinco años con una mochila cada vez más pesada, acumulando desconfianza. Desconfianza hacia los políticos, desconfianza hacia las instituciones, desconfianza hacia los empresarios, desconfianza hacia los medios, desconfianza hacia los sindicatos, desconfianza hacia la policía, desconfianza hacia el Congreso, desconfianza hacia el Poder Judicial, y, lo peor de todo… desconfianza entre nosotros mismos.

Ya no discutimos ideas, discutimos identidades. No escuchamos argumentos, escuchamos amenazas. Nos estamos viendo como enemigos. ¿Y la democracia? Desarmándose. Porque la democracia no es que todos pensemos igualito, más bien la democracia tiene que ver con la convivencia aun en las diferencias y eso está con yaya, herido, con pus. Estamos polarizados.

¿La polarización tiene su origen en la política? No lo creo. A mí me parece que nace en las familias, cuando dejamos de escuchar, cuando creo que mi interpretación de la realidad es la única válida. Nace cuando sostengo que mi opinión es una verdad absoluta, cuando dejo de sentir curiosidad por el otro. La política le sube el volumen a lo anterior, amplifica lo que como sociedad hace rato nos viene ocurriendo.

Estamos llenos de heridas somos un país lleno de escaras. Las heridas entre Lima y las regiones, las heridas entre ricos y pobres, heridas entre el campo y la ciudad, heridas de lo indígena, heridas del terrorismo, heridas de la corrupción, heridas del racismo, heridas del clasismo. Cada elección infecta más las heridas.

No es casual que las campañas / procesos electorales sean cada vez más violentos emocionalmente. Creemos que la discusión es sobre los candidatos cuando en realidad estamos discutiendo sobre dolores históricos. Y cuando alguien toca un dolor se apaga la razón y reacciona la emoción.

Adversario no es enemigo. Un adversario piensa diferente, un enemigo debe ser destruido. Si traslado eso a lo personal, es decir, si en cada persona que piensa diferente a mí veo un enemigo, la convivencia se torna imposible. La democracia justamente se construye con adversarios, no con enemigos. La democracia necesita del debate, de argumentos, de ciudadanos. Hoy lo que hay son insultos, fanatismo y odio.

Las elecciones revelan nuestros miedos, prejuicios, resentimientos, frustraciones y anhelos. ¿Por qué me afecta tanto que alguien piense distinto? ¿Por qué necesito convencer a todos? ¿Por qué me cuesta escuchar? ¿Por qué me genera rabia la diferencia? ¿Por qué siento que quien piensa diferente a mí es una amenaza?

Necesitamos recuperar la confianza para prosperar como sociedad. Confianza para invertir, confianza para emprender, confianza para construir proyectos comunes, confianza para colaborar; y ese ejercicio de construcción dura años en cimentarse y segundos en destruirse. No habrá proyecto político que pueda sostenerse mientras todos sospechemos de todos.

El gran pendiente para comenzar a cimentar sólidamente nuestro país es la educación. Seguimos educando para no pensar, para no dialogar, para responder de memoria, para no opinar. Si no generamos ciudadanos capaces de cuestionar, estamos jodidos.

No necesitamos líderes providenciales, salvadores, héroes. Saquemos ya de nuestras mentes que el país se transformará gracias a un individuo. El país se transformará gracias a millones de peruanos asumiendo su responsabilidad. No hay ni habrá presidente alguno que pueda compensar nuestra renuncia y apatía a involucrarnos.

No todo está perdido: la solidaridad, creatividad, resiliencia, capacidad de reinvención, están en nuestro ADN. Los peruanos habitamos esa fuerza humana que sale a flote cada vez que ocurre una emergencia. Lo vemos a diario con los emprendedores, con las madres sosteniendo familias enteras en comedores populares, en los miles de jóvenes con ganas de salir adelante. No es falta de talento nuestro principal problema, es la división lo que nos está matando.

Independientemente del resultado electoral, lo que ahora nos toca es escuchar, dialogar, reconstruir la confianza, aprender a convivir con la diferencia. Nos toca sanar nuestras heridas históricas, asumir responsabilidad, dejar de esperar salvadores. Nos está tocando volver a encontrarnos como peruanos.

La verdadera reconstrucción no va a ocurrir en el Congreso, mucho menos en Palacio de Gobierno, tampoco pasará por algún ministerio. Reedificarnos pasará por entender que antes que partidarios de tal o cual color, somos dueños todos de una misma empresa y necesitamos sostenerla. Y cualquier corporación se derrumbará si sus miembros están enfocados únicamente en destruirse entre ellos.

A lo mejor nuestro gran reto en adelante ya no sea elegir mejor, sino más bien convivir mejor y sentir que antes que adversarios políticos, somos compatriotas. Dejar de buscar culpables y empezar a hacernos responsables del país que queremos heredarle a nuestros hijos, el país que construimos en cada conversación, en cada acto de respeto, en cada gesto empático, en cada puente que decidimos tender en vez de incendiar.

Las elecciones terminaron anoche, la construcción de nuestro país empieza esta mañana desde nosotros.

 

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