La ansiedad por anticipar el futuro es una característica común a muchas culturas. En la mitología griega, el oráculo de Delfos era el centro predictivo más importante del mundo helénico. Los antiguos vivían fascinados por los presagios. Anticipar guerras o plagas era en el fondo un mecanismo de supervivencia.
Es recién en el siglo XX, luego de la Segunda Guerra Mundial, que se empieza a trabajar en serio en la formulación de escenarios futuros y se desarrolla la prospectiva como disciplina científica. En las décadas siguientes, otras disciplinas se suman a este esfuerzo. Hoy es común esperar que los economistas proyecten tasas de crecimiento del PBI, los climatólogos la probabilidad de un fenómeno de El Niño, los demógrafos la evolución de la población o los politólogos quién será el próximo presidente.
Las encuestas de opinión pública no son herramientas de predicción, sino radiografías del presente, pero sí ayudan a vislumbrar tendencias y, en los procesos electorales, a anticipar, dentro de un margen de error, su probable desenlace, así como a brindar el mismo día una buena aproximación de su resultado, antes del cómputo oficial.
En la primera vuelta electoral, la última encuesta que efectuó Ipsos —bajo la técnica de simulacro— anticipó correctamente que el primer lugar lo obtendría Keiko Fujimori y que el segundo lugar estaría muy disputado entre varios contendores. El empate técnico para el segundo puesto se mantuvo durante la encuesta a boca de urna y en el conteo rápido de una muestra de actas y, finalmente, la ONPE confirmó que el primer lugar lo obtuvo Fujimori y que el segundo lugar fue para Roberto Sánchez, seguido muy de cerca por Rafael López Aliaga y Jorge Nieto. Todos ellos creciendo entre 2 y 3 puntos porcentuales con respecto a la encuesta efectuada en la víspera, a costa de otros candidatos menores. A su vez, las proyecciones a boca de urna tuvieron una diferencia máxima de 1.6 y la del conteo rápido de 0.6, en comparación con el resultado final, todo dentro del margen de error ofrecido.
A diferencia de la primera vuelta, en la que hubo subidas y bajadas producto de aciertos y errores de los candidatos, la segunda vuelta mostró desde el inicio un virtual empate. En términos de votos válidos, la última encuesta de Ipsos, con simulacro de votación, registró 50.2% para Fujimori y 49.8% para Sánchez. Al cierre de la votación el domingo 7, la encuesta a boca de urna de Ipsos para Perú21 y Latina arrojó 50.7% para Fujimori y 49.3% para Sánchez; y el conteo rápido de Ipsos para Transparencia, 50.3% para Sánchez y 49.7% para Fujimori. En todos los casos, dentro del margen de error y, por lo tanto, en empate técnico. Como lo explicamos en reiteradas ocasiones, el margen de error del conteo rápido era ±1.9; entonces un candidato tendría que haber obtenido más de 51.9% para considerarlo virtualmente electo. El resultado final, 50.1% para Fujimori y 49.9% para Sánchez, estuvo, nuevamente, dentro de los márgenes de error ofrecidos.
Las encuestas de Ipsos estuvieron notablemente cerca en la segunda vuelta del resultado final, tanto en la encuesta de intención de voto de la víspera de las elecciones (a 0.1) como en la encuesta a boca de urna (a 0.6) y en el conteo rápido (a 0.4), pero considerando el margen de error estadístico solo se podía concluir que persistía, como explicamos reiteradamente, un empate técnico. Mis declaraciones la noche del domingo electoral fueron que habría que esperar a que concluya el cómputo del 100% de las actas para saber quién había ganado las elecciones.
Sin embargo, ya desde el lunes en la noche estaba claro que la mayoría de los escenarios prospectivos de la analítica de datos indicaban que Fujimori tendría más probabilidad de triunfo y así lo expliqué en diversas entrevistas. Estos modelos predictivos no fueron un trabajo de Ipsos, sino de un conjunto de jóvenes especialistas en ingeniería de software, matemáticas y estadística que proyectaron el triunfo de Fujimori tomando en cuenta los conteos rápidos, las tendencias de elecciones anteriores y, sobre todo, el avance de resultados de la ONPE.
En esta campaña electoral fuimos víctimas de múltiples agravios de quien quedó en tercer lugar en la primera vuelta, con la extraña acusación de que nuestra coincidencia con los resultados oficiales era prueba de que formábamos parte de una conspiración para hacer un fraude en su contra. Y, luego, por los partidarios de Sánchez, por haber comentado al día siguiente de las elecciones que la prospectiva analítica indicaba que en la mayoría de los escenarios el empate técnico registrado el domingo se rompería a favor de Fujimori.
Las encuestas ayudan a construir escenarios futuros, pero no son el oráculo de Delfos. La tarea que llevó a cabalidad Ipsos Perú, tanto en la primera como en la segunda vuelta de las elecciones generales, fue presentar resultados confiables dentro de la precisión que permite la estadística inferencial, como lo ha hecho siempre en los últimos 25 años.