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El profesor se queda. Ahora empieza el examen

“Su ratificación envía una señal importante de continuidad y respeto por la autonomía del Banco Central.”, señaló Enrique Gubbins, presidente de ComexPerú

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“Las instituciones más sólidas no son las que cambian con cada gobierno.”, manifestó Gubbins.
Fecha actualización:
10/07/2026 - 06:40
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En los principales foros económicos internacionales, a Julio Velarde suelen llamarlo simplemente “el profesor”. No es un apodo casual. Refleja el respeto que se gana alguien cuya mayor virtud ha sido ofrecer algo escaso en la política: credibilidad. Por eso, su ratificación al frente del Banco Central de Reserva dice mucho más sobre un gobierno que meses enteros de campaña.

El Banco Central de Reserva es uno de los mejores ejemplos de continuidad institucional que tiene el país. Julio Velarde fue nombrado en 2006, durante el segundo gobierno de Alan García, y está próximo a cumplir 20 años al frente del BCRP. En ese periodo, la entidad ha logrado preservar su autonomía y mantener como prioridad la estabilidad monetaria, un activo que muchas veces pasa desapercibido hasta que se pierde. Su ratificación envía una señal importante de continuidad y respeto por la autonomía del Banco Central.

En política suele existir la tentación de demostrar autoridad reemplazándolo todo. Sin embargo, gobernar también implica saber distinguir entre aquello que necesita corregirse y aquello que conviene preservar. Las instituciones más sólidas no son las que cambian con cada gobierno, sino las que mantienen criterios técnicos por encima de las coyunturas políticas.

Esa señal cobra aún más importancia porque llega en un momento en que el país necesita recuperar confianza. La inversión privada, el empleo y el crecimiento requieren reglas claras, instituciones sólidas y autoridades capaces de generar previsibilidad. Los mercados no reaccionan únicamente a los discursos. También observan las primeras decisiones.

En esa misma línea, resulta positivo que el proceso de transferencia entre el gobierno saliente y el entrante haya comenzado. El Perú enfrenta desafíos demasiado urgentes como para perder tiempo. La inseguridad, la extorsión, el avance de las economías ilegales y la necesidad de reactivar la inversión exigen que la nueva administración pueda concentrarse en gobernar desde el primer día.

Las primeras decisiones importan porque anticipan una forma de gobernar. Ahora empieza el verdadero examen. Y ese no se aprobará con un nombramiento, sino con cinco años de decisiones coherentes.

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