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El Perú partido en dos

“Ambos bandos han votado por su respectivo candidato no por simpatía, sino principalmente por temor a lo que representaba quien está al frente”.

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Fecha actualización:
09/06/2026 - 07:00
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Esta elección presidencial apunta a que será la más reñida de nuestra historia reciente. Keiko Fujimori o Roberto Sánchez recibirán las riendas de un país cuya mitad se opone a su presidencia. Ambos bandos han votado por su respectivo candidato no por simpatía, sino principalmente por temor a lo que representaba quien está al frente.

En este escenario, quien gane debe dejar de lado sus principales consignas. Por un lado, Roberto Sánchez ha enfatizado en defender al golpista de Pedro Castillo y ha prometido que impulsará una asamblea constituyente.

Sin embargo, en primera vuelta, apenas obtuvo el 12% de la votación. Es decir, el 38% sumado posteriormente no es en apoyo a esas propuestas, sino en rechazo al fujimorismo. Esto es algo que Castillo no entendió cuando ganó por 40,000 votos e intentó forzar sin consensos una constituyente.  

Por su parte, Keiko Fujimori, quien reivindica el legado de su padre y torpemente prometió que gobernaría como él, llegó por cuarta vez a segunda vuelta con el 17% de votos. Es decir, el 33% que sumó posteriormente no es en apoyo a ella, sino por temor al radicalismo que representa Sánchez y sus aliados.

A estos bandos se suma el bando de los votos blanco y nulo, que representan más de un millón de electores. Estas personas decidieron no apoyar ninguna candidatura por diversos motivos. Sin embargo, ignorarlos puede ser un gran error para el próximo presidente.

El país está totalmente dividido, producto de la década de inestabilidad política que se ha vivido. La tarea pendiente del próximo gobierno es gobernar para todos los peruanos y no solo para la mitad que lo eligió ni, mucho menos, para los simpatizantes de primera vuelta. Esto implica mucha madurez política tanto del oficialismo como de la oposición, porque ha sido el discurso agresivo y vulgar de los últimos años lo que ha agravado la polarización entre los propios ciudadanos.

Asimismo, se requiere mucha responsabilidad por parte de comunicadores y medios de comunicación, dado que en el Congreso los dos bloques ideológicos están empatados y se requerirán varias negociaciones. Esto no implica acuerdos bajo la mesa, sino entender que para avanzar se tiene que ceder de un lado y empujar por otro.

Entonces, por ejemplo, si una bancada que no es de derecha vota igual que Fuerza Popular en una ley, ojalá que los medios de comunicación de izquierda no creen toda una teoría conspirativa en torno al voto, porque aquello solo envenena más al elector y castiga los consensos que son cruciales en una democracia.