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Cuando el relato se impone al dato

“El resultado electoral es uno y no puede cambiar por relatos. Pero hay condiciones en que el relato se impone al dato. Ahí está la creencia de que Castillo fue víctima de golpe como evidencia”.

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Roberto Sánchez
Fecha actualización:
20/06/2026 - 10:31
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En el Perú, las elecciones con diferencia ajustada y las denuncias de fraude vienen en combo. Cambian los protagonistas y argumentos de denuncia, pero ya ocurre por tercera vez.  

En los últimos días, JPP ha argumentado y planteado diversos pedidos. Se dice que Sánchez ganó “en el Perú” y cuestiona el voto de peruanos en el extranjero. Con las adhesiones de economistas y un excanciller antes de segunda vuelta a su candidatura, no resulta creíble que Sánchez no sepa lo que es un margen de error o no entienda la legislación electoral. Como los políticos suelen priorizar conveniencia sobre convicción, es bueno preguntarse quién se beneficia de esa narrativa. Instalar la idea de elecciones turbias le puede servir a Sánchez para mantener protagonismo y servir en las próximas elecciones regionales y municipales, después de las cuales no hay elecciones hasta 2030.  

Especialistas en derecho electoral han explicado al detalle que no ha habido cambios en las reglas de juego. También han recordado que los peruanos en el exterior son electores válidos y que mandan plata a sus familias en Perú. Desde otra perspectiva se ha argumentado también que JPP perdió porque no logró igualar los resultados que Pedro Castillo obtuvo frente a Keiko Fujimori en 2021 en varias zonas decisivas del país.

La frase “dato mata relato” aplica cuando las audiencias quieren entender la realidad, que no es un supuesto menor. En conflictos que tienen un componente identitario fuerte no tienen el mismo efecto. En contextos polarizados, el dato compite contra una identidad, y ese es otro espacio, mucho más complejo. Si una persona siente que su grupo ha sido despreciado, excluido o despojado, información cierta y argumentada se va a percibir como una coartada, porque el conflicto identitario prevalece sobre las razones y la data. Si la esencia de la discusión es “nosotros contra los otros”, lo que más importa es dónde se identifica cada uno.  

Investigaciones en otros países han demostrado que muchas personas no solo discrepan políticamente en relación con el otro grupo: lo ven como moralmente inferior o peligroso para los suyos. La confrontación se vuelve más sorda cuando involucra a distintas identidades sociales, territoriales o culturales. Y ello empeora con las redes sociales que nos encierran en burbujas donde el pensamiento crítico y la apertura son muy escasos. La discusión reafirma creencias en ambos polos del espectro.  

Es ingenuo pensar que basta hacer frente a los argumentos que esgrimen hoy Sánchez y JPP contra la transparencia de la segunda vuelta usando cuadros comparativos entre 2021 y 2026 o explicaciones sobre legislación electoral. El relato de la elección arrebatada puede funcionar porque se construye sobre una fractura identitaria. Quienes quieran creer en ello ya encontrarán una justificación para hacerlo. Y si hay beneficios políticos para mantener viva esa creencia se buscarán las maneras de sostenerla.  

Esos incentivos existen hoy. JPP y otros partidos de izquierda tienen expectativas y oportunidades en las elecciones regionales y municipales. Mantener viva la idea de una presidencia arrebatada puede ayudar a movilizar, cohesionar y disputar liderazgo territorial. También puede servirle a Roberto Sánchez para alargar su vigencia política. Hizo una buena campaña juntando perro, gato y pericote, pero si uno no es Fray Martín de Porres, luego vienen las peleas. Al no haber logrado una curul, no tendrá un cargo que le sirva de tribuna cuando la segunda vuelta sea historia vieja. A sus posibilidades de liderazgo futuro les conviene que se logre instalar la idea de que le arrebataron la presidencia.  

Ese es el problema de normalizar las denuncias de fraude sin pruebas. Erosiona instituciones, venga de la derecha o la izquierda. Una democracia necesita ganadores respetuosos del equilibrio de poderes y perdedores responsables. Las tres cuartas partes de peruanos no votaron por ninguno. Ambos deberían tener muy claro cuál es su capital político propio.  

El resultado electoral es uno y no puede cambiar por relatos. Pero hay condiciones en que el relato se impone al dato. Ahí está la creencia de que Castillo fue víctima de golpe como evidencia.

 

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