Su aroma inunda los hogares en los que desde antaño se prepara en los fogones a punta de cariño, en una gran olla donde se mezcla continuamente –para que quede sin grumos–, y donde se unen leche, canela, clavo de olor y un toque de vainilla a su ingrediente principal: el cacao. Si bien se creía que era originario de Mesoamérica, una investigación del arqueólogo Quirino Olivera y su equipo demuestra que la evidencia más antigua del cacao domesticado data de hace 5,500 a 5,350 años, por restos hallados en la localidad de Montegrande, en Jaén, Cajamarca.