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La primera presidenta

La elección de una presidenta se inscribe en una tradición de feminismo de derecha. Pero de no desarrollar esa agenda, Keiko Fujimori corre el riesgo de convertirse en otra Dina Boluarte.

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El fujimorismo ha dilapidado todo el capital político que construyó en sus inicios. Y eso incluye el Ministerio de la Mujer y la agenda de género.
Fecha actualización:
28/06/2026 - 07:05
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Si las estadísticas no mienten, Keiko Fujimori será la primera presidenta electa en la historia del Perú. Una presidenta de derecha que formará parte de una tradición feminista ajena a la narrativa instaurada por la izquierda.

Un análisis imparcial tendría que reconocer que fue durante el régimen de su padre, Alberto Fujimori, que se creó el Ministerio de la Mujer. La abogada Miriam Schenone fue la primera titular de la cartera en 1996. Luego, su cargo fue ocupado por Luisa María Cuculiza.

La creación del ministerio no fue un hecho aislado. Alberto Fujimori promovió la activa participación de las mujeres en gran parte de su agenda pública. En 1995, Martha Chávez fue la primera mujer en presidir el Congreso. Y el mismo año, el propio Fujimori asistió a la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing. Chávez presidió la delegación que viajó con el presidente. Y aunque ella afirma que se usó el inglés “gender” como sinónimo de sexo, las políticas públicas promovidas no dan lugar a dudas. Sería justo decir que Alberto Fujimori trajo el enfoque de género —o la ideología de género— al Perú.

Pero la historia de la mujer y la derecha peruana tiene más de un siglo.

 

URRISMO Y ODRIISMO

Tal vez fue Yolanda Coco Ferraro (1909–2019) la primera gran activista y dirigente política peruana. Coco, hija de un marinero siciliano, fue reconocida por liderar la sección femenina del partido de extrema derecha Unión Revolucionaria en la década de 1930. Fue una ferviente sanchezcerrista y, pese a su juventud, llegó a convertirse en directora del movimiento femenino de la candidatura de Sánchez Cerro. Tras ser apresada, asumió la Secretaría General del Feminismo y redactó el “Reglamento de los comités y subcomités feministas”.

En 1957, Manuel Odría promulgó la ley para lograr el sufragio femenino en el Perú. Luego, Odría promovería la candidatura de su esposa, María Delgado de Odría. Un intento por copiar la figura de Eva Perón, pero también un paso innegable en la historia de las candidaturas femeninas a la alcaldía de Lima.

Décadas después, la abogada Dora Narrea se convirtió en la primera mujer candidata a la presidencia del Perú. Se lanzó, evidentemente, con la UNO (Unión Nacional Odriista) en 1990. Quedó en el penúltimo lugar, pero hizo historia.

 

EL ENCANTO DEL DICTADOR

Es cierto que tanto Odría como Fujimori se acercaron a la agenda femenina para conquistar votos. Una jugada usual en dictaduras atípicas: buscar minorías o poblaciones vulnerables para compensar su autoritarismo y “ser más democráticos que la propia democracia”. Como Juan Velasco, que copiando a Fidel Castro, buscó acercarse a la población afroperuana a través de figuras emblemáticas como Nicomedes Santa Cruz y  Victoria Santa Cruz.

El coqueteo de Alberto Fujimori con la agenda de género fue documentado por la historiadora y exministra de la Mujer Cecilia Blondet en su imprescindible libro El encanto del dictador: mujeres y política en la década de Fujimori (IEP, 2002).

El discurso feminista asegura que el dictador las “utilizó”, pero un análisis más justo confirma que lo que sucedió durante los 90, como suele ocurrir en la política peruana, fue solo un entramado de mutuas conveniencias. Un capítulo aparte merece el episodio de las llamadas “esterilizaciones forzadas”. Una política pública de la propia agenda feminista que terminó en un culebrón lleno de injusticias y posverdades.

 

LA MUJER ES UNA CONSTRUCCIÓN

Toda esta cronología, sin embargo, no garantiza que Keiko Fujimori vaya a tener de su lado las simpatías de más de la mitad de la población. Eso a pesar de que el voto femenino la ha beneficiado sostenidamente, como dicen las encuestas. Como explica el historiador Raúl Asensio, históricamente la mujer en el Perú vota por la derecha. Y esa es una singularidad interesante a estudiar, más allá del 
caso naranja.

Históricamente, el fujimorismo ha dilapidado todo el capital político que construyó en sus inicios. Y eso incluye el Ministerio de la Mujer y la agenda de género. En su afán por desmarcarse de la izquierda, les regaló el ministerio y dejó avanzar el discurso de las ONG. Como ocurrió con el APRA y los ministerios de Ambiente y Cultura, el fujimorismo hace mucho que abandonó la causa del Ministerio de la Mujer. Un grave error que podría pasarle factura en este nuevo gobierno naranja.

Si no desarrolla su propia versión del feminismo desde la derecha, Keiko Fujimori corre el riesgo de convertirse en otra Dina Boluarte. Una “no mujer” en el sentido ideológico del término. Porque para la narrativa dominante, Boluarte no representó la agenda de sus pares. O como dijo el periodista activista Glatzer Tuesta, en mayo de 2023, “Dina Boluarte ni es quechuahablante, ni es provinciana, ni es mujer, ni es presidenta. Todo eso lo utiliza para simular que gobierna…”.

Parafraseando a Simone de Beauvoir, no se nace mujer, sino que se llega a serlo. Y Keiko Fujimori corre el riesgo de no convertirse en una.

 

 

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