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La fragmentación ideológica

Lamentablemente, el engaño es un arma frecuente en la política, sobre todo cuando muchos candidatos disfrazan con posturas ideológicas o identitarias su afán por enriquecerse con la corrupción o asociados a las economías ilegales. Una gran tarea para la prensa en las próximas elecciones será desenmascarar a estos falsos predicadores. 

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columna de alfredo torres
Fecha actualización:
07/12/2025 - 07:01
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Cuando se piensa en ideologías políticas, el recurso más habitual es clasificar a los candidatos y electores en izquierdistas y derechistas. El eje de esta clasificación suele ser el modelo económico. Los derechistas creen en la economía de mercado, mientras que los izquierdistas son partidarios de una mayor intervención estatal.

Con los años, las fronteras entre ambos conceptos se han vuelto difusas. El partido comunista chino introdujo reformas de mercado que le han permitido a su país un crecimiento económico espectacular. En cambio, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, viene desarrollando una política proteccionista que va contra uno de los principios de la economía de mercado, el libre comercio.

En el Perú, la prueba de fuego es preguntar por el Título III de la Constitución de 1993, sobre el régimen económico, que abarca temas como la iniciativa privada, el rol del Estado, la libertad de empresa, la competencia, la inversión y el régimen monetario. Los políticos de centro y derecha defienden ese título, que ha permitido que el ingreso per cápita se multiplique casi por tres en términos reales y la pobreza se reduzca a la tercera parte desde su promulgación. Los políticos de izquierda siguen pensando que se requiere cambiar el modelo económico y, los más radicales, a través de una asamblea constituyente.

El problema viene cuando se pretende aplicar los conceptos de izquierda y derecha para clasificar a los electores. Según una encuesta de Ipsos Perú, solo el 37% de los peruanos conoce los términos de izquierda y derecha en política. El 55% admite no entender esos conceptos. Y, como es de esperarse, el conocimiento varía según el grado educativo y el nivel socioeconómico (NSE). Este va desde 74% en el NSE A hasta 23% en el NSE E (ver lámina 1).

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Este desconocimiento no es nuevo, como tampoco lo es la distribución del electorado informado en el espectro político. La gran mayoría se ubica en posiciones cercanas al centro (ver lámina 2). Por lo tanto, no es cierto que el electorado se ha polarizado. La mayoría no tiene opiniones extremas o, simplemente, está alejada de la política. La polarización se da solo en una minoría adicta a la discusión política.

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En realidad, los electores no se distribuyen en un continuo entre izquierda y derecha, sino que se diferencian en al menos tres ejes: el económico, el político y el social. El económico va desde los partidarios del mercado libre hasta los más estatistas. El político, desde los más demócratas hasta los partidarios de un líder autoritario. Y el social, desde los más liberales a los más conservadores en materia de relaciones interpersonales.

En 2020, Ipsos Perú diseñó el “Test de Orientaciones Políticas, Económicas y Sociales” (TOPES) con 12 preguntas con expresiones antónimas y escalas de 10 puntos para el libro Elecciones y decepciones(1). Recientemente, se ha vuelto a aplicar la prueba por encargo de Perú21Foro y los resultados son reveladores.

La mayor diferencia se encuentra en el eje político, donde se ha incrementado de 29% a 38% la ciudadanía que podría calificarse de autoritaria o semiautoritaria en desmedro de los semidemócratas o demócratas, que se han reducido de 71% a 62%. (ver lámina 3). El cambio es la consecuencia natural del avance del crimen organizado y el deterioro de la figura del jefe de Estado que sufrió el país, durante las gestiones de Castillo y Boluarte.

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En el eje económico, la distribución de 2025 no es muy diferente a la de 2020. Los partidarios del libre mercado suman 62%, mientras que los partidarios del intervencionismo estatal 38%, aunque otra manera de verlo sería decir que los partidarios de posiciones intermedias (semi libre mercado + semiintervencionistas) suman 65%, mientras que las posiciones abiertamente liberales y estatistas son minoritarias (ver lámina 4).

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En el eje social, la tendencia conservadora, que ya era mayoritaria en 2020, se ha acentuado en 2025. (ver lámina 5). Cabe anotar que, a diferencia de otras sociedades en que la izquierda es progresista, en el Perú la mayoría de los partidarios del intervencionismo estatal en la economía son conservadores en lo social, especialmente en el electorado andino.

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Si omitimos el eje social, puede dividirse el electorado en cinco grandes segmentos (ver lámina 6): los demócratas promercado (21%), los autoritarios promercado (7%), los intervencionistas autoritarios (14%), los intervencionistas demócratas (8%) y, el segmento más grande, los ubicados en posiciones al centro de los dos ejes (50%).

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Como se sabe, el voto no es meramente ideológico. Con frecuencia, factores identitarios o emocionales pesan más en la decisión electoral. Un líder populista puede navegar a conveniencia entre posiciones semidemocráticas y semiautoritarias, promercado en unos temas e intervencionista en otros. Lamentablemente, el engaño es un arma frecuente en la política, sobre todo cuando muchos candidatos disfrazan con posturas ideológicas o identitarias su afán por enriquecerse con la corrupción o asociados a las economías ilegales. Una gran tarea para la prensa en las próximas elecciones será desenmascarar a estos falsos predicadores.

 

(1) Torres, Alfredo (2020). Elecciones y decepciones. Historia de una democracia en construcción. Editorial Planeta.

 

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