¿Cuánto cree que podría influir el debate?
El debate es un factor que influye, pero no es determinante. Entonces, van a ser las heurísticas o las interpretaciones automáticas basadas en los algoritmos del cerebro las que van a predecir con mayor precisión para dónde se van a ir los indecisos. Porque ahora la elección se juega en ese ámbito.
¿Cómo definiría las heurísticas para los legos?
Las heurísticas son mecanismos basados en la pereza mental del cerebro. En vez de analizar rigurosamente los planes de gobierno y el perfil del candidato, se toman decisiones muy rápidas basadas en atajos. Estos atajos tienen que ver, primero, con lo que la mayoría piensa. Por eso, las encuestas se prohíben algunos días antes y por eso la gente pregunta por quién vas a votar. En segundo lugar, con aquellos elementos que son más visibles en el mensaje y que sintonizan con las motivaciones de las personas y también con la gestión del miedo. Se eligen aquellos elementos que generan menos miedo. Un ejemplo clásico del psicólogo Daniel Kahneman es que presenta una posibilidad. Tenemos la posibilidad de salvar a setenta personas, pero treinta van a morir. Y al otro grupo le propone lo mismo, pero al revés: van a morir treinta personas, pero setenta se van a salvar. La matemática es la misma, pero sistemáticamente la gente opina más a favor de tomar esa decisión cuando primero se le presentan los que van a salvar en vez de los que van a morir. La gente se queda pegada con lo que le va a dar temor o entusiasmo. Eso pasó en 1990 cuando el APRA metió miedo en la campaña electoral. Se quedaron pegados con el miedo, votaron por ‘Fuji’ y luego ‘Fuji’ hizo el fujishock.
¿Cómo es ese voto indeciso?
Ya hay un grupo que está con un voto más o menos definido. Le dan a favor de Keiko por encima del margen de error, pero es muy pequeño. Y eso puede cambiar rápidamente, como cambió en la primera vuelta. Son esos indecisos que están pensando en elegir entre la silla eléctrica y la cámara de gas los que van a determinar la elección. Y en esos indecisos va a jugar en parte el debate, pero también las formas automáticas y no conscientes que van a percibir a los candidatos. Una heurística famosa es la heurística de arrastre, que mientras más crezca uno va a arrastrar a los indecisos. Otra heurística tiene que ver con la disponibilidad de información. Lo que ocurra en estos días y aparezca en la televisión, en los medios y en las redes va a influir de una manera consciente o no consciente en el voto. Y por si esto fuese poco, hay una tercera capa que tiene que ver con lo que Kahneman, premio nobel de Economía, llama “ruido”. ¿Qué es el ruido? Se ha encontrado, por ejemplo, que muchos jueces en los Estados Unidos van a reducir sus sentencias si ese día salió el sol, ganó su equipo de béisbol o tuvo una pelea familiar. Muchos microdetalles que pueden ocurrir en estos días van a inclinar la balanza.
“El azar en la historia y sus límites”, Basadre dixit.
Y esto es complicado porque el azar es lo que va a terminar decidiendo quién va a presidir el país en los próximos años. El desayuno electoral, por ejemplo. No se le está poniendo mucha importancia, pero en mi opinión va a terminar de empujar a algunos indecisos. Los símbolos.
¿Cómo entender el factor Antauro, que sirvió en primera vuelta, pero no tanto en segunda?
Exacto. En la primera vuelta podemos hipotetizar que las bases de Antauro y los potenciales votantes de Antauro sumaron, como el propio Antauro dice, un millón de votos. Era un poco el voto antisistema y radical. Pero la lucha ya no está en esos fijos que ya tiene, sino en los indecisos un poco más racionales y menos biliosos. Recordemos que el voto de Antauro es un voto resentido y belicoso, por decir lo menos. Entonces, ahora ya hay un voto que no se motiva por eso y que potencialmente podría reducir la conclusión final en contra de Sánchez. Pero Keiko también es muy antipática y desarrolla mucha reacción negativa. Me parece que no está haciendo muchos esfuerzos y está cometiendo el mismo error de las elecciones pasadas al parecer muy soberbia, antipática y sobrada. Y eso le puede pasar una factura importante.
Habló de la moral y del miedo. ¿Es un tema de miedo y asco, parafraseando un libro?
Yo precisaría más que es “¿cómo me toca en mi futuro?”. Una opción es el miedo y otra opción es la inmoralidad. Pero podría no haber una emoción intensa, sino una percepción de un mejor futuro. Y esa heurística sería la que ayudaría a la toma de decisiones. Muchos economistas dicen: “Qué tonta la gente, piensan que el gobierno izquierdista radical va a salvar la economía’. Pero lo que no se dan cuenta es que, por atajo y pereza mental, van a ver en su entorno que no les llega el chorreo del sistema. Y les ofrecen una historia en la que hay millones de reservas que vamos a repartir entre los pobres. Entonces, hace el atajo mental y dice: “A mí eso me va a convenir”. Y de pasadita le patean el trasero a los envidiados, que serían las clases privilegiadas.
¿Hay un factor de venganza y revancha?
Yo creo que sí hay un factor de odio que se basa en la antipatía. Y esa antipatía es, en mi opinión, multivariada. Pero más que revancha es que se culpa a un grupo de su desdicha y piden restituir ese orden porque hay que buscar un culpable. Porque de lo contrario yo soy el culpable de mi pobreza y eso no es psicológicamente agradable. Como producto colateral, puede haber una necesidad de revancha. Pero, por otro lado, si estoy muy pegado a los derechos humanos y digo que Keiko se ha salido con la suya, hay una revancha moral. Incluso ahí la gente puede sesgarse tanto que no importa llevarse la economía por delante con tal de que Keiko no salga.
¿Cuál sería el diagnóstico de Antauro Humala?
Si juntamos su poco contacto con la realidad, su desajuste emocional y una personalidad autoritaria, tenemos una combinación peligrosa. Si es que se le deja actuar, porque habría que ver cómo juega con Sánchez y el Congreso. Las decisiones de Donald Trump podrían palidecer frente a la versión sudamericana de Antauro. Creo que (Antauro) está tan desbocado que la gente se está dando cuenta de que el pata no está bien de la cabeza.
¿Cómo se procesa eso en la resaca de la elección?
Es como cuando alguien en la calle se pone ‘locazo’ y hace un escándalo y le pega a alguien, pero después se arrepiente. Lo mismo nos ha ocurrido sistemáticamente. Votamos por alguien y a las tres semanas queremos botarlo. Hay que recordarle al público que, cuando uno hace un voto muy caliente, tiende a arrepentirse. Cuando uno hace una compra muy en caliente, uno termina después devolviendo el producto. Y el costo acá de devolver el producto es más complicado, más aún con esas nuevas reglas.
Hay electores que dicen que votarán por quien sea más fácil de vacar. No es racional ni sano.
Es tan poco racional eso como buscar un restaurante para ver qué comida va a hacer que el vómito sea menos desagradable.