Se ha avanzado mucho, pero todavía no se tiene un perfil muy claro, (…) pero podemos detectar el perfil polarizado, es decir, aquella persona que tira para acá o para allá, pero que tiene ya una convicción y no va a ser convencida; ese es un primer subperfil que luego se divide en dos: el pasivo, aquel que expresa sus ideas con pasión o con poca pasión en la reunión familiar o en sus redes sociales, y el activo, que por lo menos sale a tocar ollas en determinada hora o participa en las marchas. Dentro de estos, a su vez, tenemos al que marcha de manera pacífica y a los violentos, y dentro de los violentos, los mercenarios, que son personas a las que no les interesa la ideología y a las que les están pagando, y a los que sí tienen una mayor convicción ideológica (…). La protesta es un fenómeno psicológico masivo muy complejo y, como tal, hay que entenderlo y canalizarlo.