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Antauro Humala en el Andahuaylazo: "Estos pobres diablos de los policías" (VIDEO)

Un video inédito vuelve a poner bajo escrutinio el discurso del etnocacerista sobre los policías fallecidos durante la insurrección armada que conmocionó al país.

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Antauro Humala es ahora la sombra de Roberto Sánchez.
Fecha actualización:
02/06/2026 - 21:59
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Han pasado más de veinte años del Andahuaylazo y la toma armada de la comisaría de Andahuaylas continúa siendo uno de los episodios más graves de violencia política registrados en el Perú durante el siglo XXI. La asonada, encabezada por Antauro Humala y un grupo de etnocaceristas en enero de 2005, dejó cuatro policías fallecidos, decenas de heridos y una profunda herida en la institucionalidad democrática del país.

Los hechos se iniciaron el 1 de enero de 2005, cuando un contingente de reservistas etnocaceristas tomó la sede policial de Andahuaylas, en Apurímac, exigiendo la renuncia del entonces presidente Alejandro Toledo. La acción constituyó un abierto desafío al orden constitucional y desencadenó una crisis de seguridad que mantuvo en vilo al país durante varios días.

Las investigaciones y procesos judiciales posteriores establecieron que la asonada dejó cuatro efectivos policiales muertos durante los enfrentamientos derivados de la insurrección. El caso se convirtió en uno de los más emblemáticos de la historia judicial peruana reciente debido a la magnitud de los hechos y a la responsabilidad atribuida a los líderes del movimiento etnocacerista.

Con el paso de los años, el Poder Judicial emitió diversas resoluciones sobre el caso. Finalmente, la Corte Suprema confirmó una condena contra Antauro Humala por varios delitos vinculados al Andahuaylazo, entre ellos homicidio simple con dolo eventual, secuestro agravado, daños agravados, arrebato de armas y rebelión, en agravio del Estado y de efectivos policiales. La sentencia definitiva fijó una pena de 19 años de prisión.

Más allá de los debates políticos que el personaje genera hasta hoy, existe un hecho que permanece inalterable: cuatro familias policiales perdieron a sus seres queridos durante una acción armada dirigida por Humala.

Los efectivos fallecidos cumplían funciones de servicio en una institución encargada de preservar el orden público. Su muerte ocurrió en el contexto de una confrontación que nunca debió producirse en una democracia y que tuvo como origen una decisión política de recurrir a las armas para desafiar a las autoridades legítimamente constituidas.

Diversos especialistas en seguridad y derecho constitucional han señalado a lo largo de los años que el Andahuaylazo representó un peligroso precedente de violencia política en tiempos democráticos. El levantamiento no se produjo en un escenario de ruptura institucional ni de guerra interna, sino en un contexto de plena vigencia del orden constitucional.

Precisamente por ello, la gravedad de los hechos fue interpretada por amplios sectores como un atentado contra el Estado de derecho. La utilización de la violencia para alcanzar objetivos políticos es incompatible con las reglas democráticas y con los mecanismos institucionales previstos para expresar el disenso.

En este contexto, cobran especial relevancia las declaraciones que Antauro Humala realizó sobre los policías fallecidos durante la asonada:  "Estos pobres diablos de los policías". 

El tratamiento que se otorga a las víctimas constituye un elemento fundamental para comprender la dimensión ética y política de los hechos ocurridos en Andahuaylas.

Un video difundido por el desaparecido programa “Mira Quién Habla”, conducido por la directora de Perú21, Cecilia Valenzuela y emitido por Willax, volvió a poner atención sobre expresiones del etnocacerista respecto a los agentes policiales que perdieron la vida durante aquellos sucesos. 

 

La difusión de dicho registro resulta relevante porque permite contrastar el discurso político con la memoria de las víctimas y con las consecuencias reales que tuvo la insurrección armada. Para los familiares de los policías fallecidos, el Andahuaylazo no es una discusión teórica ni un capítulo más de la confrontación política peruana, sino una tragedia personal que modificó sus vidas para siempre.

A lo largo de los años, organizaciones vinculadas a la Policía Nacional y asociaciones de familiares han insistido en la necesidad de mantener viva la memoria de los agentes que murieron durante el cumplimiento de su deber. 

El caso de Andahuaylas permanece como una advertencia sobre los peligros de la radicalización y sobre las consecuencias que pueden derivarse cuando se pretende sustituir el debate democrático por la confrontación armada. 

 

 

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