Mientras vemos imágenes de huaicos en Arequipa, pistas interrumpidas, viviendas afectadas, familias evacuadas y, lamentablemente, personas fallecidas, una vez más se vuelve a declarar una emergencia. Una declaración de emergencia que llega, como es usual, demasiado tarde. Al mismo tiempo, se confirma la presencia de un nuevo Fenómeno El Niño que podría impactar otras regiones del país.
Si revisamos los datos de la última encuesta de Lima Cómo Vamos 2025, la percepción ciudadana en Lima y Callao es clara respecto a cuáles son los principales problemas que afectan su calidad de vida: la inseguridad ciudadana lidera ampliamente con 75.2%, seguida por la calidad del transporte público (39.8%) y la corrupción de funcionarios (25.6%). Más abajo aparecen la contaminación ambiental (23%) y la limpieza pública (20.3%).
¿Y la prevención de desastres? Apenas un 2.9%. Es decir, menos de 3 de cada 100 personas mencionan la falta de prevención ante desastres como uno de los principales problemas de la ciudad. Sin embargo, cada temporada de lluvias, cada huaico, cada desborde de río nos recuerda que vivimos en riesgo constante. Vivimos en ciudades construidas en quebradas, en laderas inestables, en zonas inundables. La vulnerabilidad es constante; la encontramos en el territorio y en la planificación ausente, pero también en la ciudadanía. Como bien indican los especialistas, las torrenteras en Arequipa han sido ocupadas con viviendas e infraestructura, y esto impide una apropiada distribución de las aguas de lluvia.
Cabe dejar claro que la baja mención del riesgo de desastres en la encuesta de Lima Cómo Vamos no significa que no exista el problema; significa que solo se vuelve visible cuando ocurre la tragedia. A diferencia de la inseguridad, que se percibe todos los días, el riesgo climático opera como una amenaza intermitente. Pero, con el cambio climático y la confirmación de un nuevo Niño, esa intermitencia es cada vez más corta.
La encuesta también nos dice algo más profundo: la ciudadanía prioriza lo que siente cotidianamente. Y eso es legítimo. Por eso, en este año electoral, debemos recordar que gobernar implica anticiparse a lo que todavía no es una demanda popular, aunque claramente sea urgente.
Es muy posible que sean pocos los candidatos que lancen propuestas concretas sobre gestión del riesgo. Se habla de más policías, de obras viales, pero ¿quién está hablando de inversión sostenida en drenaje pluvial? ¿De sistemas de alerta temprana? ¿De frenar la expansión urbana en zonas de alto riesgo? ¿De fortalecer capacidades municipales en gestión territorial? Ojalá tengamos sorpresas positivas en esta campaña electoral.