La madrugada del último lunes, la comunidad de Junín despertó con una tragedia. La torre y el campanario de la histórica iglesia San Ignacio de Loyola, construida alrededor del año 1600, colapsaron repentinamente, sepultando parte de una vivienda contigua y provocando la muerte de Víctor Alderete Izaguirre, un joven cocinero que se encontraba duriendo dentro de su vivienda.
Entre enero y septiembre, los envíos agrarios alcanzaron los US$9,709 millones.
El párroco del templo había advertido con anticipación a la municipalidad provincial de Junín sobre el peligro de derrumbe, debido al evidente debilitamiento de la estructura. “La torre de nuestra iglesia ha colapsado… daremos más noticias respecto a lo sucedido”, informó la parroquia a través de sus redes sociales pocas horas después del siniestro.
Vecinos relataron que un estruendo estremeció el barrio en plena madrugada, generando pánico entre las familias. El colapso también dañó una campana de bronce del siglo XVII, considerada una pieza valiosa del patrimonio religioso local.
Hasta el momento, ni el Ministerio de Cultura ni la municipalidad han declarado en emergencia el templo, pese a las reiteradas alertas sobre su deterioro.
En medio de la tragedia, la comuna provincial de Junín lamentó profundamente la muerte de Víctor Alderete Izaguirre. Mediante un comunicado, reiteró que el derrumbe ocurrió pese a que el municipio ya había declarado en emergencia dicha estructura tras un informe técnico que advertía fisuras, agrietamientos y riesgo inminente de colapso.
La declaratoria se aprobó el 29 de octubre, y se dispuso el aislamiento del área por peligro estructural. Luego del siniestro, personal de Defensa Civil, Serenazgo y trabajadores municipales evacuaron las viviendas contiguas y realizaron labores de rescate.
Las evaluaciones continúan para garantizar la seguridad de los vecinos, mientras la comuna reiteró su compromiso de apoyo a la familia afectada.
La iglesia San Ignacio de Loyola, símbolo de fe y testimonio de la arquitectura colonial en Junín, representa más de cuatro siglos de historia. Su colapso no solo deja una víctima mortal, sino que expone la fragilidad del patrimonio cultural frente a la falta de mantenimiento y gestión preventiva.
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