Buceando en Netflix, me encontré sin querer con la miniserie española Ángela, que en seis episodios cuenta la historia de una mujer atrapada en un matrimonio que, poco a poco, pasa del control y la manipulación a la violencia psicológica y física. Lo interesante es que, a diferencia de otras historias centradas en el acto violento, Ángela pone el acento en las dinámicas psicológicas que subyacen a la violencia de género y en su evolución.
"El espíritu de las maratones deja una lección valiosa: cuando el sector público, el privado y la ciudadanía se alinean, es posible construir".
La serie explora un tema urgente, en especial en el Perú, donde esta problemática alcanza cifras alarmantes. Según una encuesta del INEI realizada en 2023, el 53.8% de mujeres ha sufrido alguna vez violencia física, psicológica o sexual por parte de su pareja; es decir, más de la mitad de la población femenina. ¿Por qué esto ocurre con tanta frecuencia en nuestro país? Por supuesto, es un problema de una complejidad enorme. Por un lado, está el componente cultural: la prevalencia de una estructura social patriarcal, con roles de género tradicionales, donde la figura masculina suele asociarse a autoridad y control, reforzado por un machismo estructural. Por otro lado, más allá de lo social, intervienen también factores psicológicos. El hombre violento no suele nacer así, sino que se construye en el tiempo, muchas veces como resultado de haber sido víctima o testigo de violencia primero. Esto no solo se puede comprender como un aprendizaje que se repite, sino también como la expresión de un trauma que se reactiva en la relación de pareja. Desde el lado de las mujeres, lo que suele suceder —como muestra la serie— es que se quedan atrapadas en vínculos donde el miedo, la culpabilidad y la dependencia emocional las inmovilizan y las dejan en una relación de sometimiento. Algunos elementos psicológicos que pueden estar presentes desde el lado de las víctimas son la baja autoestima, el miedo al abandono o una marcada dependencia afectiva.
A todo esto se suma, en muchos casos, la dependencia económica, la presencia de hijos de por medio, y el temor a perder la estabilidad tras una separación. Por supuesto, la débil respuesta institucional no ayuda: el sistema es lento, ineficiente y puede revictimizar a las mujeres que se atreven a denunciar, lo que perpetúa el círculo de violencia. Es un tema del cual hay mucho por explorar y mucho por decir. Les recomiendo ver Ángela y detenerse a pensar sobre el tema.
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