Acaba de hacerse pública la Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales 2024 (Enares) y las cifras que nos entrega son aterradoras. Redondeo decimales para no perder tiempo en detalles.
Entre adolescentes hombres y mujeres de 12 a 17 años, 44% ha sufrido violencia familiar física o psicológica en los últimos 12 meses por alguno de sus padres o quienes cumplen ese rol y 46% violencia escolar por otros compañeros. Los agreden en sus casas y/o en su colegio. Un 22% de las adolescentes mujeres ha sido víctima de violencia sexual por alguien distinto a su pareja o expareja. Un 15% dice haber sido víctima de violencia sexual antes de los 12 años.
Lo anterior es consistente con que 57% de hombres de 18 años o más acepten justificaciones de la violación sexual si es que hay consumo de alcohol o la mujer no se resiste. El porcentaje sube a 70% si se habla de violencia sexual en vez de violación. Hombres y mujeres, en un 76%, se muestran tolerantes frente a algún tipo de violencia contra las mujeres.
La ENDES (2024) ya había identificado que 52% de las mujeres en Perú de 15 años o más había sido víctima de violencia por parte de su pareja o expareja en algún momento de su vida. Estamos hablando de alrededor de 7 millones de mujeres. Vivimos en un país que tolera el maltrato hasta volverlo rutina, paisaje, costumbre.
De ese total, el 48 % sufrió violencia psicológica o verbal; el 26%, violencia física; y el 7%, violencia sexual. El 17% de las mujeres que fueron víctimas de violencia física no buscaron ayuda por tener algún tipo de temor. En un país donde el feminicidio se ha vuelto noticia repetida, ese miedo no es irracional: es instintivo, aprendido y plenamente justificado.
La dependencia económica actúa todavía como una cárcel para el 29% de las mujeres, quienes declaran que dependen económicamente de su pareja o expareja. ¿Cómo escapar si se pierde también la fuente de ingresos para ellas mismas y sus hijos?
Todavía demasiadas mujeres no califican la violencia como un delito. La violencia física se esconde como un asunto privado o de pareja y también la violencia sexual.
Y si bien hay una leve mejora en ese campo, la respuesta institucional sigue siendo ineficaz y desmotivadora. A nivel internacional, se estima que entre 5% y 25% de las mujeres víctimas de violencia sexual denuncian formalmente el hecho. En América Latina en general el porcentaje es más bajo. De esas mujeres ¿cuántas logran una sentencia favorable y la hacen cumplir? Obviamente, no es desinterés: es miedo a la revictimización, al descrédito social, a que no pase nada, o a que pase algo peor.
Esas mujeres necesitan contar con instituciones que funcionen si las agreden. Por eso, el proyecto de ley 11561/2024-CR, presentado por el congresista Alejandro Muñante, es tan nocivo. Busca penalizar las denuncias falsas contra integrantes del grupo familiar con cárcel de 3 a 6 años. Ni siquiera precisa cómo se probaría que una denuncia es falsa, ¿o es que bastaría que se archive? Varios casos muy mediáticos nos han hecho ver la indolencia que algunos policías, fiscales y jueces mostraron frente a casos gravísimos de violencia: mujeres quemadas, arrastradas de los pelos, asesinadas y seccionadas.
¿Qué pueden esperar las víctimas si se llega a aprobar un proyecto de ley así? ¿Cuántos actores políticos con denuncias sobre violencia familiar hemos conocido en este quinquenio infame? Por ejemplo, ¿qué haría el pastor evangélico José Luis Linares Cerón, uno de los líderes del movimiento Con mis hijos no te metas, respecto de la denuncia de su hija por violación sexual si esta ley estuviera vigente? Es inaudito que este proyecto de ley haya recibido apoyo de congresistas mujeres.
Lo más increíble es que la Enares 2024 implica ligeras mejoras en el tiempo. Se necesita exprimir la data para sacar lecciones de política pública.
Fuente: https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/8314691/6928310-informe-de-los-principales-resultados-de-la-encuesta-nacional-sobre-relaciones-sociales-2024-enares.pdf
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