A 21 días para que Keiko Fujimori asuma la Presidencia, el viento sopla muy a su favor. Aunque inicialmente se temía que su victoria desencadenara un estallido social como el de 2022 tras el autogolpe de Pedro Castillo, hoy el país está expectante ante el nuevo gobierno.
¿Por qué no hubo una movilización masiva tras la victoria de Fujimori?, debe ser la pregunta que más se hace la izquierda, quienes buscan minimizar el triunfo fujimorista, a pesar de que la ventaja alcanzada es la mayor desde la elección de Ollanta Humala en 2011. Para esta pregunta hay dos respuestas: desgaste del antifujimorismo y asimilación lenta.
Es evidente que el antifujimorismo ha perdido fuerza desde el desastre de Pedro Castillo. Este sector continúa con consignas que podían alentar a antiguos adolescentes (ahora treintones y cuarentones). Además, tienen una ceguera frente a la corrupción y al autoritarismo de su orilla, lo cual demostró que su indignación depende de quién es el autor y no del delito.
Por otra parte, el lentísimo conteo de la ONPE parece haber servido para que la población asimile en pequeñas dosis diarias lo que la estadística mostraba como inminente. Probablemente, el escenario habría sido distinto si Fujimori aparecía primera en el conteo rápido y el conteo oficial hubiese culminado una semana después. Además, los malabares mentales de Roberto Sánchez para pedir la nulidad de cientos de miles de votos en Lima y el extranjero han ahuyentado a electores de centro y centroizquierda que apostaron por él el 7 de junio.
Otro punto que ha sido muy poco comentado es el reconocimiento oficial que hizo el Sutep (adverso al fujimorismo) a Keiko Fujimori como presidenta electa. Lucio Castro, secretario general de ese sindicato, se reunió con la presidenta electa días atrás. Este gremio tradicional disputa el control del magisterio a facciones radicales como el Conare, vinculadas al Movadef. De hecho, Lucio Ccallo, expresidente del Comité Nacional de Lucha del Conare-Sutep, amenazó en junio con bloquear el puente internacional de Ilave ante el triunfo fujimorista.
Fujimori iniciará su gobierno con una oposición que simula unidad, pero que está muy fraccionada y carece de capacidad de convocatoria a movilizaciones. Además, haber recibido el reconocimiento de un sindicato como el Sutep, le otorga legitimidad para negociar con el magisterio y dejar sin piso a facciones radicales. No obstante, aunque el viento sea favorable, mucho dependerá de la destreza que tenga la presidenta electa y su gabinete para aprovechar estas oportunidades.