Antonio Rattín, fallecido el mismo día en que Argentina eliminó a Suiza, fue el clásico "5" argentino, el centrojás que gobernaba el mediocampo. Fue el dueño absoluto de la mitad de la cancha con la camiseta de Boca Juniors y de la selección argentina. Eran tiempos en los que esa posición estaba reservada para el caudillo, para el que metía, marcaba y hacía jugar al equipo.
Rattín es, quizás, quien inició la rivalidad futbolística entre argentinos e ingleses. Ocurrió en el Mundial de 1966, disputado en Inglaterra, con apenas 16 equipos y sin tarjetas amarillas ni rojas. Los británicos debían ganar sí o sí; no había otra posibilidad. Eligieron a un árbitro alemán complaciente y salieron a jugar.
Sucedió lo previsible cuando Rattín reclamó una decisión al juez en su condición de capitán. Él sostuvo que simplemente pidió un traductor para hacerse entender. Otros cuentan que le recordó hasta la quinta generación de su familia. Lo cierto es que fue expulsado y, antes de abandonar el campo, se sentó sobre la alfombra roja destinada a la reina Isabel II. Fue allí, hace sesenta años, cuando las tribunas comenzaron a gritar "animals" contra los argentinos, un calificativo que los acompañó durante varios años. Lo curioso es que, recientemente, gracias a la inteligencia artificial y a la lectura de labios, se concluyó que Rattín, efectivamente, habría pedido un traductor para expresar su reclamo.
Luego llegó la Copa Intercontinental de 1968 entre Estudiantes de La Plata y el Manchester United de los legendarios George Best y Bobby Charlton. En aquel equipo argentino jugaban Carlos Salvador Bilardo, Aguirre Suárez, Malbernat y varios futbolistas que, según la expresión de la época, ponían los toperoles de madera de la rodilla para arriba. Los dirigía Osvaldo Zubeldía, un adelantado a su tiempo, y el gran talento ofensivo era Juan Ramón Verón, padre de Juan Sebastián Verón, actual presidente del club platense.
Estudiantes ganó 1-0 en Buenos Aires y empató 1-1 en Old Trafford para quedarse con el título. En ambos partidos hubo de todo y, si en aquellos años hubiera existido el VAR, el récord de expulsados habría quedado para la historia. Años después, la "Brujita" Verón sería figura del Manchester United bajo la dirección de Sir Alex Ferguson.
Después ocurrió un hecho lamentable, muy lejos de un estadio: la Guerra de las Malvinas, en 1982. El conflicto bélico duró 74 días y cobró la vida de 649 soldados argentinos y 255 británicos. Aquella herida histórica dotó de una enorme carga emocional y política a cualquier enfrentamiento deportivo entre ambos países.
Así se llegó al Mundial de México 1986. En los cuartos de final se enfrentaron Argentina e Inglaterra. Maradona estaba en el punto más alto de su carrera y Carlos Salvador Bilardo era el entrenador, uno de aquellos protagonistas de la histórica final en Manchester. En Buenos Aires hubo manifestaciones; los jugadores recibieron cartas de soldados enviadas a la concentración, pedidos de reivindicación y súplicas de madres que habían perdido a sus hijos en la guerra. El rostro del ídolo argentino fue transmitido en directo por televisión antes de salir al campo de juego. Su arenga quedó para la historia. Y también sus goles. Aquel día se inmortalizó la "Mano de Dios" y millones de espectadores contemplaron el que sigue siendo considerado el mejor gol de todos los mundiales.
Han pasado cuarenta años. Ahora vuelven a encontrarse en una semifinal y está Lionel Messi. Hay dos entrenadores de gran capacidad, e Inglaterra presenta un equipo más sólido que el de 1986, cuando Gary Lineker era su principal figura. Será, además, la primera vez que Lionel Messi enfrente a la selección absoluta de Inglaterra, un duelo que ha generado una enorme expectativa y ha obligado a reforzar las medidas de seguridad en Atlanta. El operativo, coordinado entre las fuerzas locales, el FBI y agencias británicas y argentinas, busca prevenir incidentes en un estadio que tendrá a ambas hinchadas sin separación física en las tribunas.
Para quienes vimos en directo aquel partido disputado en México hace cuarenta años, este nuevo capítulo inevitablemente traerá los recuerdos de aquella tarde inolvidable. También explicará por qué la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) pidió y obtuvo la autorización para que los once de Lionel Scaloni vuelvan a vestir la inolvidable camiseta azul, la misma que fue comprada de urgencia un día antes del partido en México y acondicionada por empleadas de la concentración, jugadores y miembros del cuerpo técnico. Esas que se vistieron una tarde de goles inolvidables.
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