Episodio uno: antes de tiempo. Celebramos la independencia el 28 de julio por la proclamación de San Martín en Lima; eso que fue la tercera y que no habíamos ganado una sola batalla. A fines de 1820, el ejército libertador rodeaba Lima, estaba al sur en Paracas, al norte en Huacho y bloqueaba el puerto del Callao. La primera declaración fue en Huaura (27 de noviembre) y la segunda en Trujillo (28 de diciembre). Bajo esa presión, San Martín negocia con el virrey La Serna una monarquía constitucional con un príncipe europeo, tratando de contentar a los españoles y a la élite criolla que querían conservar sus privilegios virreinales. Pese a todo, fracasan las conferencias en la hacienda Punchauca (junio, 1821). El ejército realista se retira de Lima (6 de julio, 1821) porque el desabastecimiento por el bloqueo del Callao era insostenible. La Serna traslada el gobierno al Cusco. El ejército libertador ocupa una Lima abandonada. Sin embargo, como ha sucedido casi siempre, no nos pusimos de acuerdo. San Martín se retira (septiembre, 1822) para que entre Bolívar (septiembre, 1823). El ejército realista recuperaría Lima (febrero, 1824). La independencia se lograría después, con las victorias militares en Junín y Ayacucho (agosto y diciembre, 1824) y con la capitulación de la fortaleza del Real Felipe en el Callao (enero, 1826).
Episodio dos: después de tiempo. Bangladesh se independizó dos veces, pero celebra la tercera. Durante el imperio, los británicos habían permitido que los hindúes eligiesen a sus autoridades locales y los musulmanes a las suyas. Esa costumbre política hizo imposible la independencia de una India unida, como quería Gandhi (15 de agosto, 1947). Por eso, en las zonas mayoritariamente musulmanas, se creó Pakistán Occidental en el Punjab (al noroeste) y Pakistán Oriental en Bengala (al noreste), separados por dos mil kilómetros. Fronteras trazadas sin conocimiento real de las culturas provocaron que quince millones se desplazaran hacia las regiones donde su religión era mayoritaria y murieran más de dos millones en los enfrentamientos. Luego, el Punjab controló el poder y desatendió a Bengala. Con el tiempo fue surgiendo un movimiento bengalí que, con la ayuda militar de la India, logró su independencia, creando Bangladesh en lo que había sido el Pakistán Oriental (16 de diciembre, 1971). Pero las celebraciones por la independencia ocurren cada cuatro años, con cada victoria de Argentina en el Mundial de Fútbol, porque la revancha contra la dominación colonial se las dio Maradona, no porque hubiese ganado a Inglaterra (22 de junio, 1986), sino porque uno de los goles fue con la mano. Había que ganar contra las reglas impuestas por el amo dominante, con la viveza del recurso ilegal, por un muchacho pobre y arrabalero como uno, para humillar al enemigo vencido. La mayor cantidad de hinchas de la selección argentina no está en su país, sino en Bangladesh, que tiene una población cuatro veces mayor.
Epílogo: los hechos y las gentes. La Historia interpreta los hechos. Ocurre con las independencias: no hay una fecha a partir de la cual vino la libertad; son, más bien, procesos graduales de larga duración. Sin embargo, se fija un día como símbolo y, a partir de ese hito, se izan banderas y se cantan himnos. La cabeza puede entender la complejidad de los procesos; pero el corazón necesita símbolos, certezas de corto plazo, para que se desborden alegrías y florezcan esperanzas. Todo indica que el gobierno tiene la cabeza para ejecutar los planes de gobierno; pero la gente no solo le está pidiendo obras y subsidios, está reclamando reconocimientos, empatías y justicias para sus muertos; sobre todo la gente que no votó por Keiko, aquella que acepta su victoria, pero duda de sus intenciones. En consecuencia, el riesgo no está en la cabeza, cuyo papel será convencer con razones; sino en el corazón, que no se engaña con argumentos, que solo se alivia con la fuerza de los sentimientos, porque ha aprendido a distinguir los abrazos que sanan de aquellos otros que se dan por protocolo. Abrazar luego de un conflicto es muy difícil, porque hay heridas abiertas, reparaciones pendientes y faltan arrepentimientos sinceros y perdones generosos. Pero deberá ser lo primero, abrazar.