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Toda una mujer

"No fue mujer que se despojó de su condición de tal para triunfar en un mundo de hombres, como yo torpemente consideré en mis años mozos".

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Margaret Thatcher
(Foto: AFP)
Fecha actualización:
15/11/2025 - 07:00
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Se acaban de cumplir 100 años del nacimiento de Margaret Thatcher, la Dama de Hierro. Desde muy joven supo que la política era su destino. Era madre de mellizos de corta edad cuando se convirtió en diputada. Inmediatamente, hubo de someterse a las mismas preguntas que todavía hoy muchas mujeres hemos de soportar: ¿Y cómo compagina su actividad política con el cuidado de sus niños? “Con método y orden” fue su cortante e inteligente respuesta. Ese mismo método y orden que le valieron para llegar hasta lo más alto de la política británica, a despecho de aquellos compañeros que la despreciaron por su tono de voz. Por su condición de mujer.  

No fue mujer que se despojó de su condición de tal para triunfar en un mundo de hombres, como yo torpemente consideré en mis años mozos. Fue, por el contrario, consciente de su capacidad de liderazgo y consciente de sus encantos como mujer. De ella dijo Mitterrand: Tiene los ojos de Calígula, y los labios de Marilyn Monroe.

Era una líder. Algo que los hombres de su época no aceptaban con facilidad en una mujer. (Hoy me temo que tampoco). Era valiente. Decidida.  Se enfrentó a los sindicatos, un mundo dominado por los hombres, lo que se tradujo en soportar calificativos groseros centrados en su condición de mujer.

El 4 de mayo de 1979, el día que mi padre cumplía 49 años, pronunció unas palabras emotivas a la puerta del 10 Downing Street. Citando a San Francisco de Asís, dijo: Vengo a traer armonía donde hay discordia. Fe, donde hay dudas. Esperanza, donde hay desesperanza. Porque también fue conciliadora.

Si su política fue acertada, no es objeto de mi acercamiento a una mujer de fuertes convicciones como política y, sobre todo, como mujer. 

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