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Sugerencias para el nuevo Congreso

“Los congresistas toman decisiones, sean buenas o malas, acertadas o no, pero no hay duda de que deciden. Lo hacen porque tienen algún objetivo, sea este personal, grupal o de cualquier índole”.

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(Midjourney/Perú21)
(Midjourney/Perú21)
Fecha actualización:
26/07/2026 - 08:06
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El Congreso anterior aumentó el gasto público, a pesar de que no tiene iniciativa de gasto. No es mi objetivo juzgar las intenciones que haya tenido, aunque parecen obvias. Sin embargo, considero que ello se debe a una incomprensión de los principios básicos de la economía, que no son de izquierda ni de derecha.

La economía tiene distintas definiciones, pero la mayoría toma como punto de partida la idea de que existen recursos escasos que impiden satisfacer todas nuestras necesidades, al menos al mismo tiempo. Como consecuencia, tenemos que decidir qué hacer con los recursos, no solo monetarios, que tenemos.

Primero, los congresistas toman decisiones, sean buenas o malas, acertadas o no, pero no hay duda de que deciden. Lo hacen porque tienen algún objetivo, sea este personal, grupal o de cualquier índole, y al hacerlo comparan los beneficios y los costos de cada decisión. Por ejemplo, si deciden aprobar que se aumenten los sueldos (incluyendo a ellos mismos) hay que hacer dos preguntas: de dónde saldrá el dinero (nada es gratis) y cuál será el impacto de la medida. ¿Favorece o no a la mayoría de la población más necesitada?

Segundo, los recursos son escasos, no alcanzan para todo. Esto es válido para cualquiera, pero parece que los congresistas creen que los recursos son infinitos. Aprueban un gasto seguido de otro sin pensar que al final alguien paga la factura. ¿Harían lo mismo con sus familias? ¿Gastarían sin final o cuidarían su dinero? ¿Tiene sentido que las leyes aprobadas que implican gasto para el Estado casi duplican el gasto en seguridad, tan necesario para toda la población, en especial la más vulnerable?  

Tercero, cuando decidimos, enfrentamos disyuntivas y tenemos que escoger alguna de ellas, y en esto no hay discusión. Podemos discrepar en por qué elegir una opción sobre otra, pero no en el hecho de que tenemos que escoger. Los congresistas deberían conocer el análisis costo-beneficio para decidir qué hacer con el dinero. No siempre es lo que suena bien, sino lo que genera mayor impacto sobre los que más necesitan.

Cuarto, el dinero no crece en los árboles. Los gastos se financian con ingresos. Supongamos que el Congreso está pensando aumentar los sueldos porque lo considera justo. Suena bien. Pero ¿de dónde saldrá el dinero? Es muy fácil decir que hay que gastar sin que se explique de dónde sale el dinero. Cualquier propuesta que no cuente con esa información es un deseo, pero no una propuesta seria. ¿A quién le están quitando el dinero para financiar los mayores sueldos? Si el dinero sale de deuda, entonces tengamos claro que mañana pagaremos más por concepto de impuestos para poder financiar ese gasto de hoy. No es posible gastar por encima de los ingresos de manera indefinida.

Quinto, el costo de oportunidad es el costo de la mejor alternativa dejada de lado y está presente en toda decisión. Veamos un ejemplo. Si el Gobierno decide gastar, siguiendo con el ejemplo, en aumentar los sueldos, entonces tendrá que reducir el gasto en otros rubros, por ejemplo, seguridad.

Sexto, las decisiones deben tomarse sobre la base de evidencia empírica. De lo contrario, son solo opiniones. Y todos podemos opinar lo que nos plazca en cualquier área. Siempre que escuchemos propuestas, debemos hacernos tres preguntas: ¿quién paga?, ¿cuáles son los efectos no visibles de cada decisión?, ¿se ha probado en otra realidad?

La economía tiene límites. El gasto tiene límites, como en cualquier familia.

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