El fin de semana estuve con unos amigos en un hotel al sur de Lima. Los tres días en la piscina, al costado nuestro, había una pareja “dispareja”, él tenía 50 y ella 18. Sé las edades exactas porque nos hicimos “amigos” de fin de semana y nos contaron. No eran de acá, eran de Rusia.
Los dos muy simpáticos, agradables, divertidos y parecían llevarse bien.
Mientras conversábamos con ellos (sobre todo con ella porque nos contó que era estudiante de Psicología) yo no podía dejar de ser un pesado psicólogo que en mi mente analizaba e imaginaba las posibles razones por las que esta chica tan joven pudiese estar “con un viejo” de 50. Imaginaba que ella tendría una carencia paterna grande, “daddy issues”, y que seguramente estaba buscando en su pareja —además de un chico guapo— una figura paterna, alguien que le diera todo ese tiempo, amor y protección que seguramente su padre no le dio. Pensé también: Quizá no solo ha tenido un padre ausente, sino uno violento, alcohólico o drogadicto. O quién sabe, de repente ninguna de las anteriores, tal vez el padre simplemente murió cuando esta jovencita era apenas una niña y eso dejó un vacío. Un vacío tan grande que la llevó desde adolescente a buscar hombres mucho mayores, quizá entregándose demasiado sexualmente, queriendo complacerlos, queriendo que la quieran, que la protejan. Y pensé: Si esto es así, qué triste, ¿no? Porque en el fondo lo que estas mujeres están buscando es un amor de padre, que justamente lo que no incluía era sexo, sino una figura de protección y amor desinteresado. Pero lo cierto es que, del otro lado, esos hombres mayores lo primero que suelen estar buscando en aquellas jovencitas es sexo, es su cuerpo, y con suerte si además las llegan a querer.
No estoy juzgando; al final “los dos eran adultos”. Esa chica ahora no es una niña y también quiere sexo, pero sentí pena, ganas de ayudarla, de protegerla. También imaginé que este hombre que se busca a una tan menor y que sobre todo lo que quiere es sexo es también alguien herido, carenciado, quizá medio adicto. Seguramente ambos necesitan ayuda.
Qué sé yo. Quizá esté todo en mi imaginación, quizá en este caso había más amor que dependencia, o quizá no.