¿Si no hubiese sido arqueólogo, a qué otra profesión se dedicaría?Desde niño siempre me encantó el pasado. El mundo mágico de otras épocas. Vivía fascinado por las historias que me contaba mi abuela, quien era una genial cuentista (…)Un amigo de mi padre me inculcó desde muy niño el arte, sobre todo el Mochica. Tuve que luchar contra mi otra vocación de poeta, gané algunos juegos florales en el colegio, pero preferí ser un buen arqueólogo que mal poeta. Ahora estoy volviendo a escribir poesía lírica y social. Más adelante registraré mis memorias en un libro.