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Se viene un mejor Congreso

"No comparto todo el entusiasmo de los que vaticinan una ‘cámara reflexiva’ de estadistas experimentados...".

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(Midjourney/Perú21)
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Fecha actualización:
31/05/2026 - 07:00
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Hace muchos periodos congresales escuchamos decir que el actual es el peor de todos los parlamentos. Y es verdad que desde inicios de siglo se ha producido un deterioro gradual en la representación nacional. Además de una creciente fuente de inestabilidad —salvo honrosas excepciones—, la composición de los últimos parlamentos pareciera reunir a lo peor de la sociedad: ‘mochasueldos’, defensores de intereses ilegales, sentenciados por terrorismo, etcétera.

No obstante, hay una serie de modificaciones —principalmente al reglamento del Congreso— que han pasado desapercibidas y que, junto con la bicameralidad, nos dan la esperanza de contar con un mejor Legislativo en el próximo lustro. Acá lo más destacable.

Menos transfuguismo y fragmentación. De acuerdo con el nuevo reglamento del Congreso, los parlamentarios solo podrán hacer un cambio de bancada durante los cinco años y, si lo hacen, no podrán integrar la Mesa Directiva durante un periodo anual de sesiones. Además, no se podrán crear nuevas bancadas durante el periodo legislativo. Hasta hoy, con solo cinco disidentes se podía crear un nuevo grupo parlamentario. Ello llevó a que, en el actual Congreso, el número de agrupaciones creciera en más de 40%, lo que dificulta el logro de consensos y la predictibilidad en el proceso legislativo.

Candados para la calidad. Otros cambios en el reglamento apuntan a mejorar la calidad de las leyes producidas. Entre los más relevantes, se han eliminado los llamados proyectos declarativos que hasta hoy copan la agenda y que no tienen real relevancia. Así, por ejemplo, abundan los proyectos que declaran de interés nacional tal o cual proyecto, o que califican como “notable” a este o aquel distrito.

Otro elemento es que en adelante la presencialidad será la norma, tanto para el pleno como para las comisiones. Hasta hoy, especialmente en las comisiones, la gran mayoría de legisladores participaba virtualmente y a menudo con nulas intervenciones en el debate. La presencialidad favorecerá el intercambio de ideas y la atención de los presentes.

Además, en adelante, se prohibirá incluir en las leyes de presupuesto disposiciones que no sean estrictamente presupuestales. Esto pondrá fin a la vieja práctica parlamentaria de meter “de contrabando” todo tipo de disposiciones ajenas a la materia, sin que sean adecuadamente debatidas y evaluadas.

Comisiones especiales. Se ha incluido también un tope para la creación de comisiones especiales, que hoy, en buena cuenta, son un mecanismo para la contratación de personal y manejo de presupuesto. En adelante, solo se podrán crear comisiones especiales hasta un número equivalente al 50% de comisiones ordinarias. Así, dado que las ordinarias son 16, solo podrán existir un máximo de ocho comisiones especiales. Buena noticia que evitará el crecimiento injustificado de la burocracia parlamentaria.

Sobre la bicameralidad. No comparto todo el entusiasmo de los que vaticinan una “cámara reflexiva” de estadistas experimentados. La razón es simple: la oferta para elegir a nuestros senadores fue básicamente la misma con la que elegimos a nuestros congresistas en el pasado reciente. De hecho, casi la mitad de los senadores electos ha sido congresista en el pasado. Si escogemos entre los mismos, es ingenuo pensar que de la noche a la mañana tendremos una cámara de nivel europeo.  

Y a eso añado que el requisito de 45 años tampoco es garantía de capacidad, preparación o integridad. De hecho, algunas de las figuras más destacadas del Parlamento actual son precisamente las más jóvenes.

No obstante, la bicameralidad sí introduce un elemento que favorece el control de daños: el añadir más etapas al proceso legislativo. Huelgan ejemplos pasados de leyes que se aprobaron al caballazo y, luego de amplia presión pública, fueron derogadas tiempo después. El hecho de que ahora las iniciativas deban elevarse al Senado luego de haber sido aprobadas en la Cámara de Diputados da un espacio para que la opinión pública, medios, gremios y sociedad civil ejerzan su influencia y detengan despropósitos legislativos antes de que la Cámara Alta los olee y sacramente.

En suma, tenemos hoy razones para el optimismo. Esperemos que los nuevos ocupantes del Legislativo estén a la altura del reto que se les presenta. 

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