No deja de sorprender lo polarizada y escindida que está nuestra sociedad. A veces parece que estuviéramos en una guerra civil emocional (además por supuesto de la casi guerra civil en la que estamos por la criminalidad y la delincuencia.) La mente polarizada es una mente enferma, la sociedad polarizada es entonces una sociedad enferma.
Somos expertos para criticar todo, para echarle la culpa a los demás, a los del “otro lado”, a las autoridades; sin embargo, somos los individuos los que no hacemos nuestro trabajo personal. Somos como aquel “jugador” que habla, pitea y critica desde la tribuna, pero que cuando baja a la cancha no sabe jugar. Si nosotros mismos no integramos nuestros puntos ciegos, nuestras sombras como decía Jung, entonces seguiremos echándole la culpa a los demás, viviendo en la profunda ignorancia que es creer que el cambio principal debe venir de afuera. Si estás muy hater o muy “tematizado” con algo, ya te estás enfermando.. Si no eres parte de la solución, pues inmediatamente pasas a ser parte del problema. Atento con eso.
Hace unos días fue el Día Mundial de la Salud Mental, les dejo por acá la definición de la OMS complementada por mi propia visión: “Un estado personal de bienestar en el que el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución positiva a su comunidad”. La salud mental no es ausencia de problemas, conflictos o sufrimiento. La salud mental se parece más a un “balance positivo”, donde uno puede mantener a raya el exceso de angustia por un lado y el exceso de consumo o de vicios, por el otro. En resumen: un equilibrio entre amar, trabajar y disfrutar.
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