Han pasado ya tres semanas de una primera vuelta inusualmente ajustada, con dramáticos movimientos de última hora y con inaceptables fallas de la ONPE que empañaron el proceso.
El JNE continúa resolviendo impugnaciones y pedidos de nulidad. No obstante, ya es improbable que los resultados cambien significativamente, y todo indica que Keiko Fujimori y Roberto Sánchez disputarán la segunda vuelta.
Y, aunque la contienda presidencial es la que más interés ha concitado, es importante notar que en nuestro país las elecciones parlamentarias son, en la práctica, tan o más importantes.
Sucede que, de un tiempo a esta parte, nuestro sistema político se convirtió en una democracia parlamentaria de facto. Es decir, una versión precaria del sistema de muchos países europeos, donde la mayoría del Legislativo es la que gobierna. Ello explica que en los últimos dos quinquenios hayamos tenido ocho presidentes. La regla ha sido simple: el mandatario que pierde el apoyo del Parlamento pierde también su puesto.
Por ello, vale la pena prestar especial atención a los resultados de la elección congresal, con el añadido de que ahora a la Cámara de Diputados se añade un Senado que concentra gran poder.
Considerando la distribución de escaños que se proyecta con un alto grado de certeza, se puede esperar que la dinámica Ejecutivo-Legislativo tenga un cambio en los próximos cinco años. La razón es simple: tendremos ahora un Congreso más equilibrado entre actores promodelo y actores antimodelo (considero mejor usar esa calificación que la tradicional dicotomía izquierda-derecha, que en Perú es cada vez más difusa).
Considerando el Senado —que tendrá la última palabra en la aprobación de leyes, cambios constitucionales o eventuales vacancias presidenciales—, las agrupaciones más claramente promodelo (Fuerza Popular y Renovación Popular) suman 30 escaños, exactamente la mitad, por lo que requerirán solo una adhesión para lograr mayoría simple. De otro lado, las bancadas más claramente antimodelo (JPP, OBRAS y Ahora Nación) suman 23 escaños. Los 7 escaños restantes los ocupa el Partido del Buen Gobierno, que previsiblemente terminará actuando como el fiel de la balanza.
Aunque la derecha lleva una ventaja numérica, esta no es tan significativa como la del llamado “bloque democrático” del Congreso actual, que en su momento sirvió como un contrapeso efectivo durante la presidencia de Pedro Castillo. En el próximo Congreso ninguna facción estará cerca de alcanzar una mayoría calificada (dos tercios de los votos), que es la necesaria para vacar a un presidente o hacer cambios constitucionales.
Esto, en principio, es positivo en la medida en que la vacancia presidencial —convertida hoy en un proceso de rutina— será menos probable, por lo que se vislumbra mayor estabilidad.
No obstante, para quienes defendemos el modelo económico, esta virtud podría tener también un correlato negativo. Y es que, de resultar electo Roberto Sánchez, su margen de acción para desarticular el modelo será mayor, puesto que no pesará sobre él la amenaza de una vacancia que lo modere.
Todo este análisis se sostiene, claro está, asumiendo que la orientación ideológica de las bancadas electas se mantiene. Y esto, como se ha visto en el pasado, puede no ser así.
Y hay otro elemento que complica el panorama. Si bien Fuerza Popular y Renovación Popular representan en teoría posiciones cercanas, lo que se ha visto en el último quinquenio es que su capacidad de trabajar juntas fue limitada. De hecho, nunca llegaron a un acuerdo para compartir la Mesa Directiva del Congreso. Fuerza Popular transó incluso con Perú Libre, cuyo representante, Waldemar Cerrón, se ha sentado con el fujimorismo en la Mesa desde hace casi tres años.
Esta tensión entre los seguidores de Keiko Fujimori y López Aliaga se profundizó con las mutuas acusaciones que vinieron luego de la reciente vacancia de José Jerí y elección de José María Balcázar. ¿Podrían trabajar juntos en el próximo quinquenio? En buena medida, de ello dependerá la sostenibilidad de un bloque de derecha promodelo.
Finalmente, hay que destacar la enorme responsabilidad que recae sobre los representantes del Partido del Buen Gobierno, cuya posición será decisiva en muchas votaciones. Esperemos que la seriedad y coherencia que mostró su candidato presidencial durante esta campaña acompañen a su bancada.