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Piura, nueve años después

“En Piura no hace falta esperar el fenómeno de El Niño para descubrir que algo no funciona. Basta recorrer la ciudad y encontrar pistas abiertas desde hace meses”.

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Fenómeno de El Niño
"El nuevo gobierno tendrá varios frentes abiertos desde el primer día: la inseguridad, la polarización política y, en el norte, la amenaza del fenómeno de El Niño".
Fecha actualización:
25/07/2026 - 07:00
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En Piura no hace falta esperar el fenómeno de El Niño para descubrir que algo no funciona. Basta recorrer la ciudad y encontrar pistas abiertas desde hace meses, obras que parecen no terminar nunca, calles parchadas que vuelven a romperse, zanjas, aniegos después de lluvias relativamente moderadas. También hay una sensación permanente de que la capacidad del Estado va varios pasos atrás del crecimiento urbano.

Piura, Castilla y Veintiséis de Octubre forman hoy una sola ciudad de más de medio millón de habitantes. Sigue creciendo y, con ella, aumentan las necesidades de vías, saneamiento, drenajes y servicios públicos. Sin embargo, llega a una nueva temporada de lluvias arrastrando problemas que no son nuevos y que cualquiera puede reconocer después de caminar apenas unas cuadras.

El Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno de El Niño (ENFEN) mantiene la alerta por un Niño costero que podría prolongarse hasta el verano de 2027 y estima como el escenario más probable un evento fuerte, sin descartar una intensidad extraordinaria. A ello se suma la proyección de un Niño global también de magnitud fuerte.  

Todos en Piura saben los peligros cuando el río se desborda y los drenajes colapsan. La ciudad lo aprendió en 1983, volvió a sufrirlo en 1998 y lo padeció otra vez en El Niño costero de 2017, cuando miles de viviendas quedaron bajo el agua y la ciudad quedó prácticamente paralizada.

Después de aquella tragedia llegó la Reconstrucción con Cambios. No sería real decir que no se hizo nada. Los reportes de la Reconstrucción con Cambios registran, solo en intervenciones educativas y sanitarias, inversiones por más de S/4,600 millones, aunque no todas estaban culminadas al momento del balance.  

Sin embargo, no se logró avanzar con el sistema integral de drenaje pluvial y el proyecto de protección del río Piura. Recién se ha obtenido la viabilidad técnica entre junio y julio de este año. Es decir, nueve años después del desastre que justificó su urgencia.  

Esa demora resume buena parte de los problemas del Estado peruano. No basta con anunciar planes maestros, cambiar de instituciones responsables —o a veces solo cambiarles los nombres— o acumular presupuestos si las obras estratégicas tardan casi una década en llegar siquiera al inicio de su construcción.  

Sería cómodo explicar todo únicamente por la corrupción —por supuesto que es parte del problema porque la corrupción atraviesa al Perú y a sus gobiernos—. Hay investigaciones y responsabilidades que deberán esclarecerse, pero el problema también tiene mucho de improvisación, expedientes deficientes, cambios constantes de responsables, escasa coordinación entre instituciones y una burocracia que convierte decisiones urgentes en procesos interminables. El resultado es una ciudad que sigue esperando soluciones mientras el próximo periodo de lluvias se acerca.

El nuevo gobierno tendrá varios frentes abiertos desde el primer día: la inseguridad, la polarización política y, en el norte, la amenaza del fenómeno de El Niño. No habrá tiempo para construir las grandes obras antes del verano. Lo que sí puede hacerse es coordinar, limpiar drenes y cauces, intervenir puntos críticos, fortalecer la respuesta de los servicios públicos y comunicar con claridad los riesgos. Prepararse mejor puede marcar la diferencia entre una emergencia difícil y un desastre de gran magnitud.

El próximo verano pondrá a prueba a buena parte de la costa norte, pero pocas regiones conocen tan bien ese desafío como Piura. La diferencia entre una emergencia y otra tragedia dependerá menos de la lluvia que de lo que el Estado sea capaz de hacer antes de que empiece a caer.  

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