Si nos adentramos en ese tipo de informalidad, de cuello y corbata por decirlo de una manera, veremos que se asemeja al comportamiento mercantilista de los modelos proteccionistas y nacionalistas. No es este gobierno, por cierto, el origen de ese comportamiento; de hecho, sería difícil ubicarlo. El mercantilismo se ha practicado desde siempre, en distintas latitudes y en diversas industrias. Países como Brasil y Argentina, por ejemplo, basan su modelo de desarrollo en estas líneas: las grandes empresas reciben prebendas y recursos a precios modestos a cambio de una relación amigable con el poder de turno. Nuestro modelo, supuestamente de mercado en la producción de riqueza, es por definición distinto: los beneficios se producen en la subasta diaria en la que participan productores y consumidores, sean grandes o pequeños.