Hasta ahora, como en muchas otras partes, nuestra diversidad cultural ha estado intrínsecamente ligada a factores geográficos, moldeada por el entorno y los recursos locales. Sin embargo, en la actualidad, vivimos un cambio muy interesante con la creación de microculturas en redes sociales, impulsadas ya no por la geografía, sino por algoritmos de recomendación y de asignación de contenidos digitales.