“Todos son iguales bajo el sol”, decía una notable canción noventera de los Nosequién y los Nosecuántos. Esta línea describe bien la principal virtud de los espacios públicos. En un medio donde persisten tantas diferencias y la calidad de servicios fundamentales a los que acedemos los ciudadanos (como salud, educación o movilidad) es tan dispar, los espacios públicos son uno de los pocos ámbitos donde todos experimentamos nuestra ciudadanía de manera igualitaria. Son también un punto de encuentro entre ricos y pobres, derechistas e izquierdistas, mayores y menores, hinchas de la ‘U’ y Alianza, en los que, a pesar de nuestras diferencias, debemos reconocernos como iguales y tratarnos de manera civilizada.