Las fábulas son cuentos cortos con una enseñanza simple, para que se entienda. Los personajes son animales, para que la crítica no ofenda a nadie. Son muy conocidas la de la cigarra y la hormiga, que cuenta cómo el ahorro de la hormiga en primavera le permite un invierno tranquilo, mientras que la cigarra, que se la pasó divertida en tiempos buenos, la pasó feo en tiempos malos; o la de la liebre y la tortuga, en carrera que gana la tortuga por constante, en tanto que la liebre la pierde por soberbia. Menos conocida es la de los dos chanchitos, antes que fuesen tres. El primero construye su casa con paja, en tanto que el segundo con madera. Luego viene el lobo, que en esta fábula no es el malo, y compra cada casa en 100. Un súper precio para la casa de paja, pero pésimo para la de madera. El primer chanchito celebra su ganancia en el bar de la esquina y la dilapida, en tanto que el segundo invierte lo que recibió en construir una casa de ladrillo y recupera la pérdida sin tanto desmadre. Claro está que, si el segundo chanchito también se hubiese ido al bar para llorar sus penas, ahora estaría en quiebra. Ya lo sospecha, me lo he inventado, pero sirve para ver qué pasa con nuestro dinero en política.